La estética de los orgiásticos y felices años 20, con mucho hedonismo ibicenco, asaltó el escenario del Teatro Pereyra. ¿El responsable? Toni Roselló, que celebra su medio siglo invitando a cientos de amigos durante tres días y sus noches. Juerga apoteósica donde corría un maná de alcohol y diversión y las al.lotas brillaban absolutamente deslumbrantes, coquetas, pícaras, políticamente incorrectas y rompiendo corazones a los verros vanidosos que creemos seducir cuando solo somos conquistados. ¡Como debe ser!, que estamos hartos de la modelna moda del feísmo y los bolas tristes de taller existencialista que nada tienen que ver con la Ibiza auténtica del viste como quieras pero sé elegante, con la filosofía corsaria del vive como quieras, pero no des el coñazo.
Toni llevaba una chaqueta a caballo entre un ruso blanco exiliado o un domador de focas y orquestaba la fiesta a placer, que para eso tiene corazón generoso y es querido urbi et orbe. Y cuando sonó El Rey todo el Pereyra se lanzó a corear la ranchera en brindis gozoso, con un júbilo casi desesperado muy propio de José Alfredo Jiménez y el propio Gatsby Fitztgerald. Ambos disponían de un foie ad hoc a su hándicap alcohólico, como este nada humilde cronista que fumaba puros en la terraza colonial encantado de admirar los cuerpos celestes que, a veces, caían por instantes mágicos a su lado.
Naturalmente esta mañana resacosa las letras parecen caracteres nipones, pero el bushido manda y, tras un par de bloody marys triples y unos huevos fritos con sobrasada, uno recupera el ritmo para ir a darse un baño en Salinas, donde la juerga continúa desafiando al clima con clímax de alegría. ¡Olé Toni!