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Ceguera política y oportunidades perdidas

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Se ha presentado recientemente un nuevo proyecto de aparcamiento en el municipio de Eivissa. Se trata de un proyecto con 749 nuevas plazas de aparcamiento para el municipio. Que la capital de la isla tiene un gravísimo problema con el tráfico rodado es más que evidente. Que encontrar un aparcamiento en pleno casco urbano acostumbra a ser un empeño desesperante también parece claro. Y que urge encontrar soluciones a esta situación no es que sea necesario, es urgente.

Creo recordar que con la llegada del nuevo equipo de gobierno del PP al Ayuntamiento de Vila, se aseguró que pensaban solucionar el problema del tráfico rodado y del aparcamiento en el municipio con la creación de unas 2.000 nuevas plazas en varios puntos del centro. Ya por entonces se pudieron oír diversas opiniones críticas sobre esta idea, ya que esa planificación de futuro parecía más encaminada a agravar el problema que a solucionarlo. No parecía entonces que hacer circular los vehículos por el interior del casco urbano para llegar a un aparcamiento fuera la mejor idea.

Lo cierto es que la respuesta al problema no ha sido precisamente rápida, ya que se han necesitado más de dos años para presentar la primera propuesta y, como cabía esperar, la misma no está exenta de polémica. Y es así básicamente porque da la sensación de que no hay, por parte del actual equipo de gobierno, una idea clara sobre el tipo de municipio que se quiere de cara al futuro. Siempre se ha hablado de la idea de diseñar un casco urbano más amable para la población peatonal y menos sometido al castigo diario del tráfico rodado. Se suponía que había que encontrar la fórmula para evitar estar sometidos a la dictadura del vehículo, pero con proyectos como este y con el descarte de otras opciones da la sensación de haber tomado un camino equivocado.

Parece que en ocasiones hay que buscar la fórmula más complicada para atacar un problema, cuando se tiene en las manos una solución mucho más rápida y desde luego mucho más eficaz que la que se ha elegido. Me refiero al descarte en su momento de aprovechar la reforma de la E10 o primer cinturón de ronda para construir los cientos de aparcamientos que el municipio necesita. Después de diversas polémicas sobre esta reforma entre el Ayuntamiento y el Consell, se había propuesto la modificación del proyecto inicial para incluir en el mismo el mencionado aparcamiento soterrado. Este proyecto se vio de nuevo modificado con la llegada del PP al gobierno municipal, optando entonces por la reforma en superficie de la E10, aparcando definitivamente la idea de construir un gran aparcamiento.

Sinceramente resulta complicado comprender esta decisión, si no es por llevar la contraria a la propuesta de un gobierno socialista, impidiendo de esta forma que la misma pudiera ver la luz llegado el momento. Es este uno de los mejores ejemplos de ceguera política, cometido por el mismo partido que se atreve a denominar «nuevo modelo de movilidad insular» a la nueva contrata de transporte público, que no es más que el mismo modelo de siempre con autobuses más modernos. Seguramente dentro de veinte años más de uno se rasgará las vestiduras por no haber aprovechado ese primer cinturón de ronda para crear el mayor aparcamiento público del municipio.

Las desventajas de optar por crear zonas de aparcamiento en la zona urbana que está entre la E10 y el mar son numerosas. Para empezar, de lo que se trataría es de sacar la mayor cantidad de coches de esa zona, no de hacer que circulen por ella para ir al aparcamiento. Por otro lado, y si nos atenemos a las explicaciones ofrecidas por los responsables municipales el día de la presentación del nuevo proyecto en el bulevar Abel Matutes, quienes afirmaron que en un primer momento se pensaba en un aparcamiento de tres plantas subterráneas, pero que ello no había sido posible debido al nivel freático en la zona; vamos a ver, quién no sabe que en el municipio el nivel freático está casi a nivel de la superficie y que cualquier proyecto subterráneo resultará por ello mucho más caro.

Aquí de nuevo nos topamos con claras incongruencias, ya que de haber aprovechado la mayor parte del trazado de la E10 habría sido suficiente con una planta soterrada. Por otro lado, señalar que para la construcción de este nuevo y carísimo aparcamiento será necesario eliminar un grupo de plazas gratuitas y en superficie ahora existentes en la zona, con lo que todos los vecinos que ahora las utilizan se verán obligados a pagar para aparcar. Reseñable resulta también el apartado de molestias al propio entorno urbano en esa zona. Un proyecto como este no se ejecuta en seis meses, con lo que serán varios años de obras y, por tanto, de molestias para todos los residentes en la zona en cuestión.

Con este nuevo proyecto se pierde una magnífica oportunidad para fijar el aparcamiento colectivo de vehículos en el actual trazado del primer cinturón, permitiendo con ello liberar toda la zona interior de buena parte del tráfico rodado y pudiendo plantear proyectos realistas de humanización de la ciudad. Al despropósito de este proyecto se supone que han de unirse en un futuro otros también en pleno casco urbano, como lo proyectado y tantas veces anunciado, sin que haya todavía ninguna concreción, sobre lo que ha de ser el mercado nuevo de Vila.

Lo cierto es que la escandalosa ceguera política de los mandatarios municipales, con la no menos importante colaboración del Consell Insular, hará que lo que ahora viene siendo una zona de paseo y de esparcimiento infantil, gracias al recién reformado parque de juegos —que ahora desaparecerá— pase a ser todo lo contrario: un lugar donde de nuevo marquen la vida de los ciudadanos los cientos de vehículos que ocuparán esa zona y los nuevos locales comerciales que aparecerán en los bajos del nuevo edificio. Para toda la zona afectada, la conclusión es clara: perderán calidad de vida y esta resultará mucho más cara.

No menos importante resulta también que se pierdan terrenos municipales para todo tipo de equipamientos, los cuales pasarán durante cuarenta años a pertenecer a una empresa privada, cuyo único objetivo será obtener el mayor rendimiento económico de los mismos.

La conclusión es clara: se pierden oportunidades clarísimas para proyectar una ciudad en la que quienes viven en ella puedan disfrutar, y los intereses de partido hacen que se opte por lo que pueda favorecer a estos en detrimento del interés general y del beneficio colectivo. Veremos cómo plantean esta obra faraónica los mismos que utilizaron hasta la saciedad algunos errores cometidos en la ejecución de la reforma de la Avenida Isidoro Macabich, ya que en este nuevo proyecto las molestias que el mismo pueda provocar —y les aseguro que las provocará— serán permanentes y nada volverá a ser como antes.

Se está planificando muy mal a distintos niveles y se hace totalmente de espaldas a los intereses de la ciudadanía. Los responsables de tal desaguisado deberían ver que están hipotecando el futuro y que se está perdiendo la oportunidad de matar dos pájaros de un tiro, ya que podrían recuperar para la ciudad el primer cinturón de ronda y aprovecharlo para reducir el impacto del tráfico en pleno casco urbano.

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