Tiene guasa que sea el PSOE el que aparente escandalizarse porque las procesiones de Semana Santa en Vila no podrán celebrarse en sus itinerarios tradicionales. Dicen que el cambio de recorrido por las obras en Dalt Vila es «inadmisible» y llegan incluso a hablar de «fracaso absoluto». No se sabe muy bien qué es lo que consideran que ha fracasado pero ahí lo han soltado.
A mí estas cosas son las que me demuestran que buena parte de la clase política no está ahí por vocación de servicio público sino por intentar pillar cacho y pasar por la vida sin pegar un palo al agua. Que unos tipos que se pasan por el forro la religión católica nos hablen ahora de «tradición centenaria» y de supuesto menosprecio del Gobierno de Triguero hacia una celebración tan vinculada a la ciudad es, como se dice vulgarmente, pa’mear y no echar gota. Si piensas que seguramente están detrás de los que se han mostrado ofendidísimos porque el Centro del Profesorado de Ibiza ofrezca un curso sobre la Eucaristía y el Corpus Christi en Dalt Vila para profesores de Religión, la cosa se pone mucho más interesante.
La incoherencia es marca de la casa de los del puño y la rosa. Los de «soy feminista porque soy socialista» pero que, a la vez, tienen a las Jessis de la vida como amigas íntimas y personales (pagadas por nosotros, claro, que eso sí que es del manual del buen sociata). Son los mismos que la liaron parda con la horrorosa remodelación de la avenida Isidor Macabich pero que ahora exigen como si ellos nunca hubieran tenido que gestionar obras públicas. Realmente ellos gestionaban poco…
En la competencia recogen los lamentos de los cofrades por la noticia. Se ve que no les hace gracia lo de cambiar de recorrido. Deberían entender que la fe no necesita un escenario perfecto y que la resignación cristiana consiste en aceptar que las cosas no siempre salen como uno quiere. Es la voluntad de Dios.