La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, que amenaza con extenderse a todo Oriente Medio, ha dejado de ser un conflicto regional para convertirse en una amenaza global. No estamos ante un episodio más de inestabilidad en aquella sufrida zona del planeta, sino ante el riesgo real de una crisis energética mundial con consecuencias económicas devastadoras.
El precio del petróleo se ha disparado más de un 50% desde el inicio de las hostilidades, hace ya 23 días, superando ampliamente los 100 dólares por barril y alcanzando picos que no se veían desde hace años. La causa es evidente: el bloqueo de facto del estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial. Si el crudo no fluye, el sistema entero entra en shock. Y si la escalada bélica persiste, el problema no será el precio, sino el suministro.
El escenario se ha visto agravado en los últimos días cuando se sitúan las infraestructuras energéticas de los países productores de petróleo y gas en el punto de mira. Vemos cómo se suceden los ataques a refinerías, instalaciones gasísticas e incluso complejos nucleares, como Natanz (Irán) y Dimona (Israel).
Todo sube
Las consecuencias están a la vista. Suben los combustibles, se encarece el transporte —aéreo y marítimo, vitales para un territorio insular—, aumenta el coste de las materias primas y de los bienes de consumo, y se dispara la inflación. Todo. Desde la cesta de la compra hasta el turismo. Las economías pitiusa y balear lo notarán especialmente, dada nuestra dependencia energética exterior. Si el transporte se encarece excesivamente, como puede suceder, el turismo se resentirá, así como la importación de todo tipo de productos traídos de fuera.
Panorama gris
Ante este panorama, lo más inquietante es que España afronta esta tormenta con un Gobierno central dividido, incapaz de solucionar sus diferencias políticas internamente. Todo lo contrario, las exhiben y presumen de ellas. Mientras una parte del Ejecutivo, el PSOE, opta por medidas de contención —rebajas fiscales y ayudas a los sectores económicos más afectados—, la otra (Sumar) presiona hacia recetas ideológicas que poco tienen que ver con la emergencia económica. Intentan que los socialistas acepten medidas ultraizquierdistas de dudoso encaje legal, con las que sacar pecho por forzar al PSOE a ser más izquierdista. Se trata de una maniobra desesperada, pues a la vista de las últimas elecciones autonómicas (Extremadura, Aragón y Castilla y León) el riesgo de sufrir una debacle en los próximos comicios generales es cierto y más que probable.
En contextos de crisis severa, los países serios cierran filas. Pactan. Coordinan. Renuncian al ruido. Aquí, en cambio, se opta por lo contrario: confrontación, división y propaganda, aprobando dos decretos ley separados, según el partido que lo defiende, sabiendo que el de Sumar no contará con el respaldo del Congreso y muy probablemente decaerá antes de 30 días.
Sectarismo
Además, se acusa a la derecha (PP y Vox) de «apoyar la guerra», una simplificación burda que no resiste el más mínimo análisis. Al menos en el caso del PP, el rechazo a la guerra es explícito y contundente. Hace falta altura política. PP y PSOE están obligados a entenderse para diseñar planes de contingencia creíbles: política energética, fiscalidad, ayudas a sectores estratégicos, protección a los más vulnerables.
En clave balear, el espectáculo no mejora. La crítica furibunda al viaje oficial de la presidenta del Govern, Marga Prohens, a República Dominicana y Puerto Rico, roza el cinismo. Francina Armengol también viajó al extranjero cuando fue presidenta de Balears, cumpliendo con su obligación. Incluso fue a la India. Convertir ahora eso en arma política es, simplemente, una muestra más de la degradación del debate público.
Posiblemente eso sea lo más intranquilizador. Baleares se enfrenta a una crisis energética y de incremento de precios sin precedentes. Pero si los gobernantes y los partidos políticos no colaboran y se dedican al politiqueo más burdo y estéril, la ciudadanía lo pasará todavía peor. Hace falta responsabilidad y altura de miras; pero hoy en día escasean más que el petróleo.
Para sectarios sus artículos, señor " periodista ". Da vergüenza ajena.