Hablar de adicciones en Ibiza sigue siendo, en demasiadas ocasiones, un ejercicio incómodo. Se evita, se minimiza o, peor aún, se esconde bajo el peso del estigma social. Sin embargo, la realidad es dura: siete de cada diez personas atendidas por Proyecto Hombre Ibiza presentaban dependencia a la cocaína. Un dato que no solo alarma, sino que obliga a mirar de frente un problema que no distingue entre edades, profesiones ni contextos sociales. En una isla proyectada al exterior como sinónimo de ocio, lujo y libertad, convive una cara mucho menos visible: la de quienes luchan contra una adicción en silencio. Y es precisamente ahí donde el papel de Proyecto Hombre Ibiza resulta no solo relevante, sino imprescindible.
Durante 26 años, la entidad ha sostenido una red de apoyo que va mucho más allá del tratamiento: ofrece acompañamiento, reinserción y, sobre todo, una segunda oportunidad. La cocaína aparece como sustancia principal en más de un tercio de los casos, y en otro porcentaje similar se combina con el alcohol, configurando un patrón de consumo que agrava las consecuencias personales y sociales. Uno de los grandes aciertos de esta entidad ha sido precisamente entender esta complejidad. Sus programas no solo atienden a quienes ya han desarrollado una dependencia, sino que también trabajan en la prevención, especialmente entre jóvenes, y en la intervención temprana en entornos laborales. Ese cambio de mirada es fundamental. Sin embargo, no basta con que existan recursos: es necesario que se conozcan. Aún hoy, demasiadas personas desconocen que pueden pedir ayuda sin ser juzgadas, que hay itinerarios adaptados a distintos perfiles y que la recuperación es posible. El principal enemigo sigue siendo el estigma, esa barrera invisible que retrasa la petición de ayuda y cronifica las situaciones. Por todo ello, reivindicar la labor de Proyecto Hombre Ibiza no es solo un gesto simbólico, sino una necesidad urgente.