Al fin los políticos corrigen anomalías histórica y solucionan un problema que no dejaba vivir a la sociedad pitiusa. Ha llegado el día que todo el pueblo esperaba. ¡Aleluya! Ibiza tendrá senador propio. Aunque la noticia se venda como un triunfo para Formentera, la auténtica liberación se produce al otro lado de es Freus. Durante años, Ibiza ha tenido que compartir circunscripción con Formentera. Como si fuera plato de buen gusto compartir algo. ¡Menos aún un senador! Al fin se ha disuelto la comunidad de vecinos y cada uno pagará lo suyo. Se acabó compartir el contador del agua y los gastos de la comunidad. El Congreso ha votado a favor de poner fin a esta convivencia forzada mediante una reforma exprés de la Constitución para que Formentera tenga su propio representante en el Senado. Y así, de paso, Ibiza deja de compartir el suyo, toda una liberación. Sólo falta que el Senado lo apruebe. Pero que nadie se engañe, porque nada cambia. Por más que los siete diputados —todos los de Baleares menos el de Vox—, además de los políticos de Formentera que viajaron a Madrid a costa de usted, se mostrasen exultantes de júbilo, todo seguirá igual. Formentera seguirá siendo ‘el darrer mot des credo’ en una cámara que no sirve para otra cosa que para hacerle la puñeta a Pedro Sánchez, que lleva más de dos años sin pisarla pese a que la Ley le obliga a ir una vez al mes. Pero eso a la diputada Milena Herrera y al senador compartido Juanjo Ferrer, les trae sin cuidado. Las Islas Pitiusas ya tenían senador. A partir de las próximas elecciones, tendrán dos. ¿Más autogobierno? No. ¿Más influencia? Tampoco. ¿Se solucionará algo? Nada, excepto al que elijan para el cargo, que cobrará su buen sueldo de senador del Reino de España. Pero cada isla podrá decir «este es mío», que en política es casi más importante que cualquier otra cosa. A partir de ahora, cada cual por su lado.
Opinión
Formentera, es darrer mot des credo
Joan Miquel Perpinyà | Ibiza |