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Caótica puesta en escena

| Ibiza |

En ocasiones se crean tantas expectativas en torno a una propuesta o proyecto que, cuando las cosas no salen tal y como se esperaba, dejan en el aire una sensación de disgusto y desilusión tremenda. Eso mismo es lo que ha ocurrido con la puesta en marcha de la nueva contrata de transporte público por carretera en Eivissa, que inició su operativa el pasado miércoles 1 de abril.

Fueron tantos los cambios anunciados en materia de movilidad insular que el disgusto y el enfado de los usuarios del transporte público han sido mayúsculos. En ningún caso tuvo lugar una puesta en escena como la que machaconamente se había anunciado. Se había prometido un cambio radical en la movilidad de nuestra isla y toda la brillantez anunciada para ese primer día de la nueva contrata quedó literalmente oscurecida y, hasta diría que, arrastrada por el fango.

Los medios de comunicación definieron el día en cuestión como una jornada de completo y auténtico caos. En efecto, el cúmulo de errores cometidos esa primera jornada del nuevo modelo de transporte hizo que la situación fuera realmente caótica. Si nos ceñimos a la definición de la palabra «caótica» que figura en el diccionario de la lengua de la Real Academia Española, veremos que su significado es el de «perteneciente o relativo al caos» y aporta como sinónimos «confusa, desordenada, anárquica, liosa, turbia o incoherente». Y, efectivamente, la confusión era manifiesta, el desorden predominaba, una cierta anarquía flotaba en el aire, se montó un lío de narices y todo ello provocó una situación turbia y desconcertante para muchos usuarios. Por supuesto, la incoherencia también fue un elemento destacable de la jornada en cuestión.

Hace unos días se ha conocido una circunstancia que debería hacer que los responsables en materia de transporte terrestre del Consell y del Ayuntamiento de Vila se sonrojaran. El titular de prensa que debería provocar el citado sonrojo es: «Vila detecta que el diseño del nuevo bus no responde a las necesidades actuales y propone cambios». Vamos a ver, tres días antes de la entrada en funcionamiento de la nueva contrata, habiendo sido adjudicada una parte de la misma para el servicio específico de la capital de la isla, se descubre que esa nueva concesión no responde a la realidad actual de la ciudad. ¿No resulta absurda e incoherente la situación? No encuentro otra palabra para definirla más que «kafkiana».

Si la situación es absurda por definición, igualmente lo es el argumento esgrimido por el concejal de Movilidad del Ayuntamiento de Vila, alegando que el diseño de la movilidad municipal en la capital insular no fue elaborado por los actuales equipos del Ayuntamiento y del Consell. Hay que recordarle al concejal en cuestión que el ejecutivo del Consell es el mismo que había la pasada legislatura y el suyo en el Ayuntamiento llegó tras la victoria en las municipales de mayo de 2023, hace prácticamente tres años. ¿Tres años no es tiempo suficiente para trabajar en las modificaciones que su equipo de gobierno municipal estime necesarias? Sinceramente, una muestra más de la manifiesta incapacidad en la gestión de la movilidad de nuestros gobernantes locales.

La jornada de la puesta en servicio del «»nuevo modelo» se caracterizó por importantes retrasos en diversas líneas, autobuses desaparecidos que ni la propia empresa sabía dónde estaban, dejando muy mal el fastuoso nuevo sistema de geolocalización en tiempo real que ese día ya debía estar funcionando; conductores que no localizaban el autobús que debían conducir; las pantallas informativas del Cetis sin funcionar y viéndose obligados a repartir octavillas fotocopiadas con la información disponible; no había suficientes puntos para aparcar los autobuses; no había los puntos necesarios para carga de los vehículos eléctricos ni para repostar combustible.

A destacar también que más de 200 alumnos no llegaron a clase debido al caos de ese día. Tampoco se debe olvidar la escasa efectividad del nuevo sistema de información a través de la nueva app de Alsa (Mobi4you). Está claro que, de momento, la mayor parte de los usuarios del transporte público no han visto ni han podido disfrutar de todas las novedades que se habían anunciado y que la revolución en la movilidad terrestre insular está por llegar. Si los cambios más resaltables que se podían esperar eran básicamente técnicos y de modernización del servicio, además de un mayor número de líneas y de autobuses nuevos, parece evidente que la supuesta efectividad de todo ello se sigue haciendo esperar.

Sinceramente, cabía esperar algo más del nuevo modelo, después de más de siete años de preparación y trámites. Lo que desde el Consell se denominan ajustes e incidencias puntuales no es más que señal de una absoluta falta de previsión y síntoma de una nefasta improvisación. La revolución en la movilidad insular está muy lejos todavía y dudo que llegue a ser una realidad algún día mientras persista el modelo actual.

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