El Class Bàsquet Sant Antoni se ha quedado por tercer año consecutivo a las puertas de subir a Primera FEB, la segunda categoría del baloncesto español. Las lágrimas de aficionados, jugadores, cuerpo técnico y directivos después del partido contra el Caja 87 rompen el corazón a cualquiera. Tras meses de duro trabajo no se ha conseguido el objetivo fijado al inicio de la temporada, por lo que la sensación que queda en el club y en la afición quizás sea la de decepción. Es lógico. Y más cuando aún no han pasado ni 48 horas del emocionante partido en Sa Pedrera.
Sin embargo, considero que lo más importante es el legado que el club deja en todo este largo recorrido que algún día acabará con el equipo en una categoría superior. Meter a tantos aficionados en un pabellón en la isla de Ibiza durante toda una temporada es una locura. Ver a todo un pueblo como Sant Antoni empujar en la misma dirección es para estar muy orgullosos del trabajo realizado y debería servir de acicate para que la gente del club no tire la toalla y vuelva a intentarlo un año más.
Entiendo que la tristeza ahora es enorme en la familia del Class Bàsquet Sant Antoni y quizás surjan dudas en el camino a escoger a partir de ahora. Ya sé que mi opinión no cuenta nada, pero creo que la clave está en perseverar y en seguir manteniendo viva la ilusión en una afición que cada día es más grande. Quizás el camino es más largo de lo que pensábamos, pero qué historia más bonita estáis escribiendo. El baloncesto os debe más de una, portmanyins.