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Tribuna

Planificando con los pies

| Ibiza |

Hasta la fecha se han vertido muchísimas críticas sobre el macroproyecto de ampliación del aeropuerto de Eivissa; todas ellas, con toda la razón, destacan principalmente lo innecesario de una ampliación de las instalaciones, que una vez finalizada podrían dar servicio a 12 millones de pasajeros.

Evidentemente es una auténtica barbaridad, además de una medida innecesaria como ya he destacado. La mayor parte de las críticas al proyecto tienen relación con la ya reconocida saturación de la isla durante la temporada estival, si bien también se ha mencionado las directas y graves consecuencias medioambientales que se podrían provocar; afectaría sin duda al consumo de un bien tan necesario como el agua y de forma directa o indirecta al propio territorio insular.
Pero hay otro elemento que pone en evidencia lo absurdo del proyecto. Resulta que con las actuales instalaciones ya se están produciendo todo tipo de conflictos por la falta de personal en diversos puntos del aeropuerto y relacionados con otros tantos servicios a prestar a los pasajeros. Las fuerzas de seguridad del Estado, tanto policía nacional como guardia civil, ya han hecho públicas sus quejas por el deficiente servicio que vienen prestando, debido en ambos casos a la insuficiente plantilla de ambos cuerpos para atender correctamente las cuestiones de seguridad y control en nuestro aeropuerto.

Policía Nacional y Guardia Civil no consiguen cubrir sus plazas y no está previsto que puedan hacerlo durante toda la temporada. No hay suficientes agentes para el control de pasajeros llegados de países de fuera de la UE, con lo que a la llegada de esos vuelos las colas para pasar dicho control se eternizan, llegando incluso a superar el tiempo de vuelo para llegar desde sus países de procedencia. La Guardia Civil, por su parte, también denuncia que solo hay unos tres agentes por turno y con eso hay que cubrir todas las funciones que se tienen asignadas en lo que es la principal puerta de entrada y salida de la isla, lo que supone una cantidad ridícula para las dimensiones actuales de nuestro aeropuerto.

Además, por si no es suficientemente grave la carencia de miembros de las fuerzas de seguridad en la que seguramente es la instalación o infraestructura pública más importante de la isla, la misma denuncia de falta de personal se ha detectado en la plantilla propia de AENA, como ya se ha reseñado en ocasiones anteriores, la prioridad de la empresa que gestiona nuestro aeropuerto, es obtener cada vez mejores dividendos y por tanto unos beneficios también cada vez más elevados. Ahora bien, este aumento de beneficios no se obtiene partiendo de la plantilla laboral necesaria para ello. Se está trabajando en atención a los pasajeros con una plantilla pensada para un número muy inferior a los más de nueve millones de pasajeros que hubo que atender el pasado año 2025. A falta de la contratación necesaria de más personal, lo que se está haciendo por parte de la empresa es abusar directamente de la plantilla que tiene contratada actualmente, obligando a que esta cubra los incrementos de trabajo, a pesar de que estos sean fácilmente previsibles. Lo que sistemáticamente viene provocando esta sobrecarga de trabajo, con las negativas repercusiones que tiene para la plantilla, es un incremento significativo de las bajas por diversos motivos.

Una de las últimas consecuencias conocidas y debidas a esa falta de personal, es la del cierre forzoso de la sala VIP del aeropuerto. De nuevo aquí hay dos versiones distintas, según los trabajadores eso viene ocurriendo porque solo hay dos personas atendiendo esa sala y por supuesto, es imposible que entre dos se pueda atender un servicio como ese. Por otra parte la empresa minimiza tal circunstancia y lo califica como cierres parciales, mientras se recompone y reordena la sala en cuestión. El argumento es absurdo y viene a confirmar la falta de más personal para poder atender debidamente un servicio como ese.

Conocido todas esas quejas relacionadas con la falta de personal a diversos niveles, la reflexión es sencilla; si con las actuales dimensiones de nuestro aeropuerto, no se sabe, no se puede o lo que es peor, no se quieren incrementar las plantillas a pesar de que ello sea necesario y urgente; hasta dónde podría llegar el problema con unas instalaciones que doblen su superficie y se deban prestar más servicios y a un número mucho mayor de pasajeros que el actual. No resulta difícil adivinar que nuestro aeropuerto sería mucho más caótico de lo que ya es en la actualidad.

De nada sirve que se hable sin parar de las consecuencias de la manida saturación, si los actos que se ejecutan en la actualidad y los proyectos de futuro de los diversos poderes públicos y sus empresas, no se ajustan a la citada saturación y al problema principal que viene de la mano de esta, que es el de la crisis habitacional. No vienen más policías y guardias civiles a la isla, por negarse a tener que acabar durmiendo en el coche; lo mismo ocurre con los trabajadores que vendrían a trabajar durante la temporada estival y no lo hacen por carecer de una vivienda digna en la que residir.

La incoherencia campa a sus anchas en nuestra querida isla.

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