Hubo un tiempo en que el mayor problema de los vecinos de Devall sa Serra era intentar dormir mientras en Casa Lola sonaban fiestas que parecían competir con las de las discotecas. Eran años de lujo desmedido, de coches de alta gama, furgones negros y de huéspedes ilustres. El vecindario ya pagaba entonces la factura de un negocio que no era el suyo.
Aquella historia terminó cuando la Justicia y el Ayuntamiento pusieron fin a un complejo construido al margen de la legalidad urbanística. En 2022 las excavadoras devolvieron la finca, al menos en parte, a la realidad después de una década de expedientes, sentencias y recursos por unas obras ejecutadas sin licencia en suelo protegido. Pero nadie explicó a los vecinos que, tras el derribo, podía llegar algo peor.
Hoy las fiestas han sido sustituidas por ocupaciones, asaltos en casas, robos de suministros, peleas, intervenciones policiales, incendios que se temen antes de producirse y un asentamiento que parece crecer al ritmo que disminuye la esperanza de quienes viven alrededor. Han cambiado los protagonistas, pero no los perjudicados. Los vecinos siguen siendo los mismos y ahora el imsomnio no deriva de la música sino del terror.
Y hay algo que resulta difícil de entender. Cuando cualquiera descubre que han ocupado su propiedad, lo habitual es denunciarlo cuanto antes. Sin embargo, en este caso la pasividad de la propiedad desconcierta tanto al vecindario como a la propia administración, que ha reiterado en distintas ocasiones las dificultades para actuar con mayor contundencia sin determinadas iniciativas por parte de la titular de los terrenos.
Cada cual es libre de sacar sus propias conclusiones. Los vecinos, desde luego, hace tiempo que tienen las suyas. Y quizá por eso ya no preguntan cuándo se solucionará el problema, sino qué fin tiene que esta situación continúe. ¿Vendetta? Mientras tanto, Devall sa Serra sigue pagando una factura que nunca le correspondió. Antes soportó los excesos del lujo ilegal. Ahora soporta las consecuencias de su abandono. Al final, lo único que ha cambiado en Casa Lola es la decoración del desastre.