Hemos tenido en Ibiza a un benefactor hasta ahora desconocido, que cree que organizar una fiesta ilegal le convierte en alguien digno de reconocimiento y al que hay que agradecer su ilícita actividad extractiva e irrespetuosa con la isla y con la sociedad ibicenca. «Nos gastamos muchísimo dinero en esta fucking island y ¿así nos lo agradecen?», se lamenta el personaje. ¿Qué es lo que debemos agradecerte, exactamente? ¿Que alquiles una villa para celebrar una actividad sin autorización? ¿Que contrates un DJ por 25.000 euros? ¿Que causen problemas? Igual esperabas que te aplaudiésemos y te propusiésemos al Consell para que te otorgue la Medalla de Oro de Ibiza por tu generosa contribución a la economía insular. La inmensa mayoría de visitantes cumple las normas, disfruta de la isla y regresa sin dejar tras de sí conflictos con los vecinos ni intervenciones policiales. Quien decide hacer negocio organizando fiestas clandestinas no está contribuyendo al prestigio de Ibiza, sino que está fastidiando a todos. Mientras tanto, quienes sí pagan el precio son los residentes y las empresas que se ciñen escrupulosamente a la ley. Son los vecinos quienes merecen nuestro reconocimiento, no los desalmados que convierten el campo ibicenco en un parque temático al margen de la legalidad. Las administraciones deben perseverar en su línea de mano dura. Las fiestas ilegales deben dejar de ser un negocio rentable. Sanciones ejemplares, clausuras, responsabilidades para organizadores y propietarios cuando corresponda y tolerancia cero. Porque a esta gente hay que hacerles pagar caro su descaro. Quien quiera disfrutar de Ibiza es bienvenido. Quien venga creyéndose dueño de la isla porque trae dinero que invierte en actividades ilegales para ganar mucho más, que se lleve de recuerdo la sanción económica que merece, por jeta. Y si la fucking island no te gusta, espabilado, nadie te ha mandado llamar. Bon vent!
Opinión
‘Fucking island’
Joan Miquel Perpinyà | Ibiza |