La entrevista concedida este lunes por Pedro Sánchez ha servido para confirmar una evidencia: España tiene presidente, ministros y Consejo de Ministros, pero carece de un Gobierno capaz de gobernar. No tiene Presupuestos Generales del Estado ni dispone de una mayoría parlamentaria para aprobarlos. Sánchez, además, ha permanecido de vacaciones durante buena parte de agosto porque, según ha reivindicado, descansar es «su derecho». Naturalmente que lo es. Como lo de los centenares de militares, guardias civiles y policías nacionales destinados en Ceuta a quienes el Gobierno suspendió todos los permisos ante la gravedad de la crisis. 30 días después, el presidente reaparece sin asumir responsabilidad alguna y exonerando a Marruecos, para responsabilizar a Rusia, Israel y la «internacional ultraderechista». No hay precedente de semejante ausencia política de un presidente durante una crisis de esta magnitud. Sánchez continúa instalado en una resistencia que durante años le ha proporcionado resultados, pero gobernar no consiste únicamente en sobrevivir.
A ello se suma la decisión del PSOE de no secundar las concentraciones de apoyo a Ceuta convocadas para mañana miércoles en toda España. Una posición difícil de explicar cuando incluso alcaldes socialistas han mostrado su disposición a participar, aunque ello pueda acarrearles consecuencias dentro del partido. La frase más demoledora ha llegado desde las propias filas socialistas. El diputado ceutí Melchor León ha dicho: «Para que venga a reírse, que se quede de vacaciones». Como se ve, el problema ya no puede atribuirse a la oposición. Sánchez afronta además el deterioro provocado por los procesos judiciales que afectan a personas de su antiguo círculo de confianza. Si la entrevista en Cadena Ser pretendía escenificar el regreso del presidente, lo que ha demostrado es su extraordinaria debilidad. Y su irresponsabilidad.