Hay lugares que se admiran desde el primer instante y otros que se aprenden a querer con el paso de los años. Mi relación con Ibiza y con su puerto pertenece claramente a esta segunda categoría.
Cuando llegué en 2018 como delegado encontraba una realidad profesional apasionante. Veía infraestructuras, tráficos marítimos, obras, concesiones y una larga lista de desafíos técnicos y de gestión. Sin embargo, con el tiempo descubrí algo mucho más importante: detrás de cada muelle, de cada paseo y de cada decisión portuaria había una isla extraordinaria y una sociedad profundamente vinculada al mar.
Después de siete años, creo que puedo decir que no solo he aprendido a conocer el puerto de Ibiza. He aprendido a querer Ibiza.
Porque uno acaba queriendo aquello que conoce en profundidad. Aquello que ocupa una parte importante de sus pensamientos. Aquello por lo que se preocupa cada día y que intenta mejorar. Durante estos años, una parte importante de mi vida profesional ha estado ligada a los puertos de Ibiza y La Savina y, en consecuencia, también a las Pitiusas.
He aprendido a admirar la fuerza de su identidad, la capacidad de sus ciudadanos para defender aquello que consideran importante y la sensibilidad que existe hacia la conservación de un entorno único. También he comprendido que el puerto no puede entenderse de manera aislada. El puerto es una parte de la ciudad y la ciudad es una parte del puerto. Ambos evolucionan juntos y ambos se influyen mutuamente.
Donde realmente se toman muchas decisiones
Existe una percepción bastante extendida de que todas las decisiones que afectan al puerto se toman en Ibiza. La realidad es bastante más compleja.
Los puertos de interés general forman parte de estructuras administrativas amplias y, en muchos casos, las decisiones estratégicas, presupuestarias, organizativas o de planificación se adoptan lejos de los muelles y de la realidad cotidiana que viven ciudadanos y usuarios.
Durante estos años observé que para defender los intereses del puerto de Ibiza no basta con trabajar en Ibiza. También es necesario estar presente allí donde se toman las decisiones.
En numerosas ocasiones, muchas de las cuestiones que condicionan el presente y el futuro del puerto se deciden en la sede central de Palma o directamente en Madrid. Allí se aprueban inversiones, se establecen prioridades, se organizan recursos y se toman decisiones que afectan directamente a la principal infraestructura económica de Ibiza.
Por eso, una parte importante del trabajo de la Delegación no consiste únicamente en gestionar el día a día del puerto. Consiste también en explicar, argumentar, convencer y trasladar continuamente la realidad de Ibiza allí donde se adoptan las decisiones. Y no siempre es sencillo.
Una delegación pequeña para un puerto muy importante
Existe una evidente desproporción entre la relevancia económica, social y turística del puerto de Ibiza y los medios humanos disponibles en la Delegación.
El puerto de Ibiza es una de las principales puertas de entrada de la isla, un motor económico fundamental, un referente turístico internacional y una infraestructura estratégica para la conectividad de los residentes. Sin embargo, la estructura administrativa local afronta enormes responsabilidades con recursos limitados.
Eso obliga a multiplicar esfuerzos, asumir tareas que van más allá de las competencias estrictas de cada puesto y encontrar soluciones imaginativas para responder a las demandas de una infraestructura que no deja de crecer en complejidad.
A pesar de ello, tengo la suerte de poder afirmar que he trabajado junto a grandes profesionales. Personas que, con frecuencia, realizan un trabajo silencioso, riguroso y poco visible para el conjunto de la sociedad.
El valor del trabajo que casi nadie ve
El mejor reconocimiento para los técnicos de la administración es que las cosas funcionen sin que nadie tenga que preguntarse quién lo hizo posible.
Los ciudadanos ven una plaza renovada, una farola que funciona, un pavimento en buen estado o una instalación moderna. Lo que rara vez se percibe son los cientos de informes, proyectos, reuniones, licitaciones, inspecciones y decisiones que existen detrás de cada mejora.
El trabajo técnico es muchas veces discreto y poco agradecido. Sin embargo, constituye la base sobre la que se construye cualquier avance duradero.
Caminando este lunes por la zona de la Marina o también llamado Los Andenes, no pude evitar tomar algunas fotografías que reflejan precisamente esa realidad. No muestran grandes actuaciones. Muestran una suma constante de pequeños avances que, acumulados en el tiempo, transforman el puerto.
La renovación de espacios urbanos, la mejora de la iluminación del dique antiguo, la vuelta de los cruceros a la plaza Sa Riba, el resurgir de una concesión de grandes yates, la consolidación de servicios como el City Boat o de certámenes con sabor ibicenco como la feria de Artesanía, la mejora de luminarias en el pavimento con las que antes podías tropezarte y que ahora además son fotovoltaicas, el detalle de dar cariño y seguridad a los alcorques de la zona, etc.
Son detalles que pueden parecer modestos observados de forma aislada, pero que juntos generan una experiencia completamente diferente para residentes y visitantes.
Un puerto que sigue mejorando día a día
Las imágenes recientes del puerto permiten observar una realidad muy positiva.
Especialmente gratificante es la presencia creciente de embarcaciones de gran valor añadido para la oferta turística de la isla a través de Igy Marina Ibiza, regenerando antiguos espacios y liderando una solicitud histórica: el suministro eléctrico a grandes yates.
No debemos olvidar que los puertos no se transforman de un día para otro. Evolucionan gracias al trabajo constante de muchas personas durante muchos años.
Mirar atrás con gratitud
Ahora que esta etapa finalizó hace aproximadamente un año, miro atrás con serenidad y con agradecimiento.
No pienso tanto en expedientes, proyectos u obras concretas. Pienso en las personas que he conocido, en las lecciones aprendidas y en el privilegio que ha supuesto trabajar en dos puertos tan singulares.
También me llevo una convicción clara: Ibiza seguirá teniendo un enorme potencial de desarrollo si continúa defendiendo sus intereses allí donde se toman las decisiones. Porque la voz de Ibiza debe escucharse no solo en sus muelles, sino también en los despachos de Palma y Madrid, donde se deciden los recursos, las inversiones y las prioridades del futuro.
Los puertos seguirán evolucionando. Llegan y llegarán nuevos responsables, nuevas ideas y nuevos retos. Así debe ser. Nadie es imprescindible y esa es precisamente una de las fortalezas de las instituciones.
Lo importante es intentar dejar las cosas un poco mejor de como las encontramos.
Me llevo el cariño de unas islas que acabé sintiendo como algo propio y el orgullo de haber contribuido, junto a otros muchos profesionales, a mejorar sus puertos, que son mucho más que infraestructuras. Son la puerta de entrada, la carta de presentación y una parte esencial de nuestras queridas Pitiusas.