El PSOE de Ibiza ya tiene buena parte de su cartel electoral para 2027. Àlex Pitaluga aspirará a presidir el Consell, Elena López encabezará la candidatura a la alcaldía en Vila, Víctor Torres en Santa Eulària y Vicent Roselló en Sant Josep. Todos ellos han sido proclamados después de superar ese peculiar procedimiento que los socialistas continúan denominando primarias y que, una vez más, ha tenido la peculiaridad de no tener nada que elegir.
Pitaluga, López, Torres y Roselló tendrán tiempo de demostrar si representan esa alternativa que proclama la dirección socialista. La cuestión es que resulta difícil presumir de democracia interna cuando los procesos destinados precisamente a ejercerla terminan convertidos sistemáticamente en meros trámites de proclamación por aclamación.
Las primarias tienen sentido cuando dos o más proyectos compiten, los militantes escuchan propuestas diferentes, comparan equipos y finalmente deciden con su voto. Si únicamente se presenta una persona, no hay elección posible. Hay designación, aunque se revista de fases, reglamentos, plazos y procedimientos orgánicos.
Resulta paradójico porque el PSOE convirtió durante años las primarias en una de sus principales credenciales democráticas. Pero un partido no demuestra su pluralidad diciendo que permite competir, sino consiguiendo que exista competencia interna sin que presentarse frente al candidato del aparato parezca una extravagancia.
Quizá todos los socialistas ibicencos estén entusiasmados exactamente con los mismos candidatos. Puede ser. Pero que elección tras elección apenas aparezcan alternativas invita, como mínimo, a preguntarse por qué.
El PSOE de Ibiza denuncia ahora un supuesto «clamor unánime» de la sociedad por un cambio. Antes de interpretar la pluralidad de toda Ibiza, no estaría de más practicarla dentro de casa.
Y, por cierto, solo hay una mujer. Los feministas.