El comunicado difundido este lunes por Aena después de las manifestaciones contra la ampliación de los aeropuertos de Baleares demuestra que la compañía sólo atiende a sus propios intereses. Según Aena, el DORA III garantizará capacidad suficiente para «responder a la evolución del tráfico aéreo durante las próximas décadas» y su plan de inversiones permitirá «atender la demanda». Ese es el problema. En Ibiza ya no puede atender más demanda. La respuesta de Aena ante la saturación es siempre la misma: si llegan más pasajeros, aumentemos la capacidad para que lleguen todavía más. Y por si quedaba alguna duda sobre sus prioridades, Aena destaca que las inversiones previstas son un «generador de valor para el negocio regulado». Otra vez el negocio, siempre el negocio. Pero sería injusto cargar toda la responsabilidad sobre Aena y su presidente, el político socialista Maurici Lucena. Detrás del DORA III está el Gobierno de España. Están Óscar Puente, Jordi Hereu, Rosario Sánchez y un Ejecutivo presidido por Pedro Sánchez, líder del PSOE.
Los socialistas de Eivissa aseguran que el crecimiento turístico permanente es insostenible y dicen aportar por un «decrecimiento planificado». Mientras tanto, el Gobierno socialista aprueba unas inversiones aeroportuarias concebidas para disponer de capacidad con la que absorber la evolución futura del tráfico aéreo. Y desde Baleares, dirigentes socialistas pretenden respaldar las protestas contra las consecuencias de una política aprobada por su propio Gobierno. No se puede estar simultáneamente detrás de la pancarta y detrás del DORA. La contradicción es flagrante. Aena piensa en pasajeros, capacidad y negocio. El Gobierno del PSOE y Sumar lo respalda. Y el PSOE balear protesta. El círculo de la incoherencia queda perfectamente cerrado y a la vista de todos. Y con él, el PSOE de Ibiza apuntala su más que previsible desastre electoral.