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Esperada reapertura del mercadillo de Sant Joan después de un año

Sensaciones agridulces en el retorno del mercado, pues la alegría de los visitantes contrasta con el malestar de algunos vendedores, que reclaman el regreso de 30 veteranos comerciantes

Diferentes momentos de la primera jornada del mercado de Sant Joan, que a partir de ahora regresa todos los domingos a la localidad. | Arguiñe Escandón

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Susana procede de Barcelona y suele veranear en Ibiza. Nada más saber que el mercadillo de Sant Joan reabría este domingo tras casi un año, no dudó en acercarse a visitarlo junto a su marido. «Me gusta mucho y he comprado algunas cosas como un vestido», explicó.

Como ella, fueron muchos los visitantes que durante toda la mañana se acercaron a Labritja atraídos por esa esencia hippy que cada vez es más difícil encontrar en la isla. La gran mayoría eran turistas ávidos de compras, mientras que se vieron pocos residentes paseando por el pueblo. Probablemente el insoportable calor tuvo parte de culpa.

Sin embargo, el interés de los visitantes chocaba con la sensación de indignación y enfado de algunos vendedores, algunos de los cuales lucían en su ropa y en sus puestos pegatinas y carteles reclamando la vuelta de 30 veteranos comerciantes que se han quedado sin plaza con la nueva regulación municipal.

Álvaro y Ramón, responsables de la asociación de vendedores, señalaron que estar en el mercadillo les suponía ayer «una alegría y una tristeza» al pensar en sus 30 compañeros. «No se ha contado para nada la experiencia y las memorias de los productos han sido un caos, por lo que esperamos que las revisen», insistió Ramón.

Nada más reabrir el mercadillo, estos comerciantes pudieron comentar la situación con la alcaldesa Tania Marí, quien reconocía después que era complicado devolver los puestos a los afectados «porque las bases no se pueden modificar una vez que están hechas, aunque se mirará».

«Veo muy buen ambiente y la gente del pueblo está contenta porque las terrazas están abarrotadas», afirmó Tania Marí.

Álvaro también señaló que «es bonito ver el pueblo así después de un año». Un grupo de vendedores, pancartas en mano, recorrió el mercadillo protestando por lo sucedido.

Karol, por otra parte, celebraba ayer poder vender en Sant Joan las joyas que elabora con cápsulas de café recicladas, algo que no había conseguido hasta ahora puesto que «no era fácil lograr un sitio». «Lo había estado deseando durante dos años», destacó.

Miriam, también vendedora de joyas, reconoció estar «muy contenta» al poder vender en el mercado artesanal, algo que, en su caso, tampoco había logrado hasta este año.

Jimmy, responsable de la firma Inui, recordó que ellos llevan siete años en Sant Joan y «es una gran alegría y disfrutamos mucho como mercadilleros de esta cita. Así que estamos muy contentos de que haya abierto». «En este mercado realmente encontramos gente que aprecia el trabajo artesanal y estamos contentos con la reestructuración porque entendemos que era necesario. Nos sentimos felices de que funcione porque su cierre había supuesto un problema económico fuerte para todos los que estamos aquí», insistió.

También María José, desde su puesto Frigolades, se estrenó ayer en el mercadillo de Labritja y expresó su alegría puesto que «como clienta me gustaba mucho». «No es un mercado masificado y hay productos muy interesantes», afirmó.

Una de las turistas que descubrieron ayer el mercadillo por primera vez, María Pilar, natural de Albacete, explicó que le gustaba todo lo que estaba viendo, principalmente los trabajos artesanos expuestos.

Saigo Dicenta, fundador del mercadillo y coordinador del popular evento, aseguró ayer que todo estaba funcionando según lo previsto, «como si no hubiera pasado un año». «Entiendo la amargura de quienes no han conseguido un puesto, pero lo veo como las hamacas o las sombrillas. Hay unas concesiones y le ha tocado a una gente y a otra no», reconoció.

Giovanni, desde su puesto de joyas, destacó que siguen a la espera de que sus antiguos compañeros puedan volver «porque no es muy justo lo que ha pasado». Al mismo tiempo, explicó que en invierno sólo vende en Sant Joan, por lo que estar un año sin el mercadillo de los domingos es algo que había notado en su facturación.

Una veterana vendedora de ropa Adlib, que prefirió preservar su nombre, lamentó tener que desmontar su puesto a media mañana siguiendo indicaciones de la Policía Local. Según descubrió ayer, no tenía la licencia actualizada.

Otra participante aseguró que, en el primer mercadillo del año, faltaban casi 20 vendedores por no tener todos los papeles en regla.

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