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«Ibiza tiene una energía cruda y espiritual que me impulsa a crear»

El joven artista alemán presenta por primera vez en Ibiza su serie más visceral, DEMONS, en el Paradiso Art Hotel

El artista Alexander Höller, conocido como 'The Emotionator' | Foto: Daggi Binder

| Ibiza |

Conocido como The Emotionator, Alexander Höller (Schweinfurt, 1996) ha construido una carrera meteórica a base de intensidad y entrega. Abandonó el instituto a los 17 años para dedicarse por completo a la pintura y desde entonces ha expuesto en ciudades como Berlín, Viena, Chicago o Miami. Su serie DEMONS, que se presenta ahora por primera vez en Ibiza, indaga en los conflictos interiores a través de composiciones fragmentadas que combinan lo figurativo y lo abstracto. Höller utiliza materiales como óleo, spray o cuerda fluorescente para dar forma a piezas cargadas de tensión, fuerza y vulnerabilidad. El joven artista alemán presenta por primera vez en Ibiza su serie más visceral, DEMONS, en el Paradiso Art Hotel a partir de este jueves a las 19 horas.

—¿Qué significa para ti exponer en Ibiza?

—Exponer en Ibiza es como pintar con la energía de la isla. Hay algo crudo, espiritual y salvaje en este lugar que resuena profundamente conmigo y que me impulsa a crear. No es solo una localización, es un estado mental. Ibiza tiene un pulso que conecta libertad, caos y belleza. Mostrar mi trabajo aquí es como volver a casa a una parte de mí mismo.

—¿Cómo interactúa esta exposición con el entorno de la isla? ¿Te ha influido o te influirá Ibiza en tu proceso creativo?

—¡Sí, absolutamente! La luz, el calor, el ritmo de Ibiza... se filtran en el lienzo. Espero que la isla me empuje, durante mi residencia artística este verano, a ir más profundo, a trabajar de forma más instintiva, y quizá a usar una paleta de colores diferente a la de mi última serie. Ibiza siempre ha sido un lugar de diversidad colorida, una isla donde puedes respirar fuera de la vida cotidiana y celebrar verdaderamente el hecho de estar vivo.

Esa sensación exacta de ligereza es algo que intentaré capturar en las nuevas obras que estoy creando aquí.

Estoy muy emocionado. No puedo esperar para volver ahora mismo al estudio (ríe).

—¿Qué emociones están más presentes en esta fase de tu trabajo?

—Hay una profunda dualidad emocional ahora mismo: vulnerabilidad y poder. Pinto con una sensación de urgencia interior, pero también con aceptación.
Dejo que las emociones sangren en el lienzo: dolor, anhelo, esperanza, rabia… pero de una manera que las transforma en algo crudo y universal.

Creo que así es como me describiría a mí mismo.

—En tu serie «Wald», transformas la naturaleza en abstracción. ¿Qué simboliza para ti el bosque?

—El bosque es memoria. Es donde vive el misterio. Simboliza el subconsciente, los lugares que evitamos pero que necesitamos explorar. Cuando pinto el bosque, no estoy pintando árboles. Pinto emociones que crecen salvajes en los rincones oscuros y enmarañados de la mente.

—«The Silent Scream» muestra figuras distorsionadas, casi grotescas. ¿Qué intentas expresar con ellas?

—Esas figuras representan lo que ocurre cuando el alma grita, pero la boca permanece cerrada. Hablan del conflicto interior, del trauma reprimido y de la distorsión emocional. Quiero que el espectador sienta incomodidad, pero también que reconozca una parte de sí mismo en ese caos. El mensaje más importante detrás de esta serie, que creé entre 2020 y 2023, es que nadie en este planeta debería ser prejuzgado por otras personas. Esta serie es increíblemente relevante y ha captado totalmente el espíritu de estos tiempos, porque todavía hay demasiada gente a la que se etiqueta y encasilla por su apariencia o su origen.

—Trabajas con una gran variedad de materiales: óleo, spray, cuerda fluorescente… ¿Cómo decides qué técnica utilizar?

—El material me elige a mí. No lo planeo. A veces el óleo es demasiado lento cuando la emoción es rápida. A veces el spray me da la explosión que necesito. ¿La cuerda fluorescente? Eso tiene que ver con la tensión, con una tracción literal de la emoción en el espacio. La emoción dicta el medio. Siempre.

—Dejaste el instituto a los 17 años para dedicarte al arte. ¿Tomarías esa decisión otra vez?

—Mil veces sí. El arte me salvó. Me dio un lenguaje cuando las palabras no bastaban. Dejar la escuela no fue una rebelión, fue supervivencia. Necesitaba pintar para poder respirar.

—¿Te interesa más la emoción personal o conectar con el público?

—Ambas. Profundizo en mi emoción personal para crear algo honesto. Pero el objetivo siempre es la conexión. Si mi emoción toca a otra persona, si alguien se siente menos solo gracias a ella, entonces la obra está completa.

—¿Notas diferencias en cómo se recibe tu trabajo en distintos países?

—Mi trabajo es como un espejo, y en cada país el reflejo cambia ligeramente. Lo que la gente ve o siente dice tanto de ellos como de mí. Eso me encanta. Significa que el diálogo está vivo y evoluciona.

—¿Qué te gustaría que se llevara el público tras ver esta exposición en Ibiza?

—Quiero que se vayan sintiéndose más vivos, inspirados y conmovidos. Si salen con una nueva pregunta ardiendo dentro de ellos, o si reconocen una sombra propia en la obra, esa es la verdadera exposición.

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