La temporada de la procesionaria del pino en Baleares ha arrancado en las zonas boscosas y urbanas de las Islas, como es habitual a mediados de febrero. En este sentido, el portavoz de la Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental en Baleares, David Andreu, explica que la presencia de esta oruga ha crecido en los últimos años, especialmente en Ibiza y Formentera, «de modo que se prevé una afectación mayor en estas islas». También recuerda que el Servicio Forestal de la CAIB lleva a cabo medidas de control para mantener las poblaciones del insecto en unos niveles mínimos. Según destaca, en todas las Islas se hacen mapas de seguimiento para ver su evolución.
En las Pitiusas, indica, se actúa de forma aérea y terrestre con feromonas y la eliminación de bolsones, mientras que en Mallorca y Menorca se actúa por vía terrestre con actuaciones en áreas recreativas, pinos singulares o refugios, entre otros. En el caso de los bosques y jardines de zonas urbanas, «los ayuntamientos son los responsables de impulsar medidas para controlar la plaga ante el peligro que supone». En esta línea, también destaca que, como cada año, el inicio de la temporada de esta especie supone riesgos por el contacto con personas y mascotas. «En líneas generales, se recomienda no tocar la oruga, ya que el simple contacto con sus pelos urticantes puede provocar reacciones alérgicas», agrega.
Desde 1975
En Baleares, este insecto está presente de forma generalizada en todo el archipiélago, aunque con diferencias entre islas. A Mallorca llegó en 1942. En Menorca se detectó hacia 1970 y en Ibiza, sobre 1975. En Formentera la presencia se constató en el año 2006. Informa de que, tras las puestas de huevos a finales de verano, las orugas suelen nacer en octubre, van mudando la piel unas cuatro o cinco veces y elaboran los bolsones o nidos en los que viven. «A finales de invierno es cuando la oruga es adulta y baja de los pinos para enterrarse en el suelo. Es en esta época en la que forman las características procesiones que le dan su nombre y cuando tienen su máximo poder urticante», precisan desde la entidad.
En temporadas anteriores se había registrado poca presencia, según Andreu, de modo que para la población pitiusa esta especie no es tan conocida. De ahí, según añade, la importancia de la comunicación para prevenir el contacto con la oruga. "Es necesario explicar a la gente cómo se puede proteger cuando ve una oruga o una hiela debajo de un árbol", subraya e indica que las recomendaciones para la población pasan por no tocar nunca las orugas ni los bolsones y acudir de inmediato a un centro médico ante cualquier síntoma tras un posible contacto. También señala que aunque este año la temporada ha comenzado como suele ser habitual, el aumento de las temperaturas de forma generalizada está alterando el comportamiento de determinadas especies, entre ellas la oruga procesionaria.