Sant Mateu reunió a los mayores del pueblo en el patio del centro social, bajo la sombra y con guirnaldas de colores colgadas en las paredes. Allí se respiraba alegría, ayudada por la brisa que corría entre las mesas largas donde este sábado se sentaron unos 90 vecinos para compartir no solo una comida, sino también recuerdos y risas.
La jornada había comenzado con una misa y el tradicional baile payés, y fue justo después cuando se dio paso a la comida. Tras la misa, a la que no pudo acudir el obispo por coincidir con el día de la Santa Cruz, los asistentes se dirigieron al centro social para la comida. «Ya tienen hambre, no lo dicen, pero lo dicen», bromeaba Neus Mateu, que este sábado hacía la función de alcaldesa.
Desde el primer momento se notaba que la cita era especial. Ellos, con sus mejores trajes; ellas, con sonrisas de oreja a oreja y ganas de conversación. Las conversaciones fluían con naturalidad, entre brindis y confidencias. Unos se reencontraban después de meses, otros aprovechaban para ponerse al día con viejos amigos.
El menú
El menú fue sencillo pero infalible, con ensalada, paella y postre. Las camareras iban repartiendo las bandejas y los comensales se servían en sus platos, compartiendo de aquí y de allá como si estuvieran en sus casas. La paella, como manda la costumbre, llegó después y llenó el patio de ese olor que anuncia fiesta. Durante unos minutos, las conversaciones bajaron de volumen, lo justo para dejar espacio al arroz. Después volvieron las risas y los brindis, acompañados de hierbas ibicencas.
«Es un día típico, muy nuestro», resumía María, vecina fiel a esta cita, que acudió junto a sus amigas. A su lado, otras asentían con complicidad. Para muchos, esta comida es ya una tradición marcada en rojo en el calendario. «Cada año venimos. Nos lo pasamos muy bien», añadía.
Reconomientos
La jornada estuvo marcada por los reconocimientos. El Ayuntamiento entregó una aguja de oro y un anillo de pagesa a dos parejas que este año celebraban sus bodas de oro. Una de ellas, Toni Serra y Josefa Torres, recibieron emocionados el detalle. «Llevamos casi 51 años casados y casi 10 de novios. Son más de 60 años juntos. Lo principal no es el regalo, es el detalle», contaban. Toni, además, recordó que es presidente de la Asociación de Mayores y que esta comida «es un día especial, porque aquí hay una alegría entre todos que no tenemos en nuestras comidas normales».
También hubo espacio para homenajear al vecino más longevo. Juan Torres, de 96 años, acudió acompañado de su hijo, que también se llama Juan. Se le veía dicharachero, sonriente, disfrutando del acto en el que era uno de los protagonistas. «Vengo todos los años. Aquí veo a los amigos, porque como salgo poco, este día es cuando más nos encontramos todos», explicaba.
Entre los asistentes, muchos destacaban la emoción de compartir mesa y charla. Algunos reían con ganas, otros se saludaban con abrazos largos. En el ambiente se notaba que no era solo una comida, sino la celebración de una generación que ha construido parte de la historia del pueblo y que conmemoran cada año en esta ocasión.
Al final de la jornada, se entregaron las ensaimadas que cada asistente se llevó a casa, con una especial para quienes cumplían 70 años. Fue el broche dulce a una cita en la que la tradición se mezcló con la emoción de seguir compartiendo mesa, risas y recuerdos. En Sant Mateu, al menos por un día, los mayores volvieron a ser el centro de todas las miradas.