El teatro en Ibiza tiene nombre propio: Vicente Serra (Santa Gertrudis, 1952). Este gigante del escenario comenzó sus andaduras sobre las tablas a la edad de diecisiete años, y no ha parado desde entonces. Es director del Grup de Teatre de la Associació de Veïns des Molí, donde también escribe y actúa. Sus obras de corte costumbrista traen la Ibiza del siglo XIX y principios del XX a nuestros días, con sus claros y sus sombras, con sus costumbres, sus peculiaridades y sobre todo su humor, mucho humor. Tras más de veinte obras firmadas con su rúbrica, Vicente Serra ha acudido a la redacción de Periódico de Ibiza y Formentera para hablarnos de su nuevo trabajo, 'Jujtats de Pau, judicis pendents', que estrenará el día 1 de febrero en el Cine Regio, en Sant Antoni. Hay otras dos fechas marcadas en el calendario: el día 13 de febrero en Sant Joan y el día 15 en Santa Agnès.
-Usted va a presentar la obra 'Jutjats de pau, judicis pendents', que habla de cuatro juicios y una boda. El primero de los juicios está basado en el libro 'Santa Gertrudis: 200 anys', que es un libro que encontró de casualidad y le inspiró una de esas historias.
-Me lo prestaron, porque no está a la venta. Yo no suelo actuar en el grupo. Yo suelo escribir las obras y dirigirlas, llevo más de 20 obras escritas, sobre todo costumbristas. He tratado todos los temas de mis antepasados: el contrabando, la pagesia, etcétera, y me reconoce bastante gente de la isla como autor de esas obras y estoy muy satisfecho. En esta actúo. Me he creado un personaje, Serra, de ca n'Alqueria, que es antepasado mío.
-Hay una segunda historia. Una carta escrita en verso que motivó el juicio a Pep Escandell, personaje ficticio, aunque la carta existe. A usted se le entregó la carta, hace cincuenta años.
-Llegó a mis manos la carta, tengo aquí una copia. El segundo juicio penaliza esta carta porque es un poco «especial», se titula 'es palanquer de Cala Gració'. ¿Sabes qué es un 'palanquer'?
-No.
-Un 'palanquer' es, en un sentido humorístico, un hombre mujeriego de turno que estaba ofreciéndose a las turistas suecas y danesas para hacer toda la juerga que pudiese con ellas. He cogido a un actor que es de mi edad y que conoce muy bien este fenómeno en la vida real. La carta está escrita en ibicenco, con muchas faltas de ortografía, y es un poco «guarrindonga».
-Bueno, no vamos a desvelar más argumentos. La tercera historia también es ficticia: la de un curandero que se sobrepasa dando masajes.
-Se trata de un compañero que ha hecho muchas versiones de este curandero en teatro. Se me ocurrió que también era un hecho punible, y le hacen juicio porque a veces se 'deslizaban' las manos cerca de las partes íntimas.
-La cuarta historia es un juicio a Bonifacio 'Tirurit' por escándalo público, abandono del hogar y cómplice de trileros canarios.
-Este personaje lo interpreta un actor de Menorca que, de hecho, tuvo problemas en su vida real y se marchó a Canarias. Es decir, en esta obra mezclo la realidad con la ficción. Además, tenemos un cantautor buenísimo que es Vicent Prit, que hace del hijo, y hace canciones que ligan mucho con nuestro teatro costumbrista. Él actúa y canta y toca la flauta, las castañuelas y el tambor. Hay parte de realidad y parte de ficción. La programación se alargará todo el año, cada año hacemos una obra. Ya llevo veinte obras escritas. Cuando la gente ve la obra, quiere ver otra.
-¿Por qué es necesario el teatro en una época de Internet de alta velocidad?
-El teatro que hacemos gusta muchísimo y tiene muy buena aceptación entre la gente que conoce los años que se describen en las obras, la gente de mi generación, porque es una vuelta al pasado. Ahora todo es de color de rosas, turismo, discotecas... pero lo que le interesa a los pueblos de Ibiza es nuestro teatro. La gente quiere recordar su pasado, su infancia, las tradiciones... una realidad que ya no existe. Yo tuve la suerte de nacer en 1952. Mis padres eran del campo. Mi madre, aun siendo prácticamente analfabeta, era una mujer muy sabia, era cantante y me ayudó mucho mientras vivió. Ella siempre fue una pionera de la cultura de la isla y le dieron varios premios por cantar, premios que conservo. Tiene muchas cosas escritas gracias al director del director del instituto de Sant Antoni, Marià Torres, que es un catedrático ya jubilado, que conoció a mi madre, y ellos pasaron décadas hablando de todo y todo quedó por escrito gracias a este catedrático.
-En las obras se traen a colación debates costumbristas, pero algunas de esas escenas podrían suceder en el mundo actual. ¿Usted se inspira en la prensa local para escribir algunas de estas escenas?
-No, en absoluto. Me inspiro en mi pasado y en lo que yo he vivido en la infancia.
-Tiene que tener muy buena memoria.
-Sí, la tengo. Tengo nostalgia de cómo se apañaba la gente de esa época, de las penurias que pasaban, como es lógico, y de lo digno y lo tranquilo que era: la gente tenía tiempo para verse, durante las noches largas de invierno los vecinos iban de una casa a otra... Yo lo he vivido y es lo que la gente quiere ver. Pero no me baso en la actualidad, todo lo contrario, soy un defensor de lo que viví. Ibiza se ha convertido, para mí y para muchos, en lo que no deseábamos.
-Por un lado, hay muchas empresas de turismo que venden la 'auténtica Ibiza' sin saber nada de la tradición.
-Pero quedan muy pocas cosas ya. Los bares están industrializados, modernizados. Todo es carísimo, los platos ya no son los verdaderos... ha cambiado todo terriblemente. No estoy en contra del progreso: es innegable. Pero no me gusta.
-Usted reclamaba en una entrevista en 2017 más implicación del gobierno local en la cultura de la isla. ¿Usted ha visto cambios en estos nueve años?
-Sí, porque cuando surge algún grupo teatral como ha sido el nuestro, se le apoya. El Ayuntamiento nos da facilidades, y pagan bien los estrenos. Tenemos siempre un hueco en las fiestas de Sant Antoni y nos tienen en un pedestal, y por parte del Consell también. De hecho, han creado el último año un certamen llamado Pedro Cañestro, en el que nuestro grupo participa cada año.
«Hay todavía pequeños brotes de lo antiguo pero ya todo se está rompiendo definitivamente»
-Ahora hay un viraje hacia un turismo de un poder adquisitivo más elevado. Se quiere alargar la temporada hasta noviembre, que venga menos gente y que gasten más. Esto también implica que nosotros, cuando queremos salir a algún sitio, nos sale más caro. ¿Cómo se articula esta defensa de la tradición con el turismo de masas?
-Ese equilibrio prácticamente no existe, prevalece la segunda parte: exceso de turismo, dinero, grandes urbanizaciones, hoteles masificados... es muy difícil. Hay todavía pequeños brotes de lo antiguo pero ya todo se está rompiendo definitivamente. Soy negativo en este aspecto. Vienes aquí con 300 millones de euros y te ponen una alfombra roja para que hagas lo que quieras. Ahora se hacen casas con 18 habitaciones y piscina olímpica porque deja un dinero de miles de euros cada noche. Es tal el choque entre los dos mundos, que es demasiado, pero es imparable.
-Usted no tiene móvil, tampoco tiene cuenta de Gmail.
-No. A ver si me explico: considero el móvil una cosa maravillosa. Pero esa sofisticación rompería mi forma de ser. No lo necesito. Se hace mal uso del móvil. Es una herramienta de trabajo, pero yo estoy jubilado, no lo necesito para nada. Estoy en contra del mal uso de la tecnología. En las escuelas ya lo han prohibido. La gente se pasa horas mirando la pantalla e ignora lo que es salir al campo. Yo conozco el 80 % de las plantas de la isla, pero los niños no conocen más que dos o tres: el romero, el pino y la mata. En Ibiza hay hierbas comestibles, venenosas, etcétera, y esa es la cultura que yo he aprendido de lo que es la 'esencia' de Ibiza. Pero, ¿a quién le interesa eso? A nadie. A no ser que sea un puritano, un nostálgico.
-Es por eso que usted hace teatro costumbrista de antes de la segunda guerra mundial.
-A principios de 1900 comenzó la emigración de los ibicencos, que se marcharon algunos a Argelia, y el resto a Sudamérica: Uruguay, Cuba y Argentina. Antes de la revolución castrista, antes del golpe de estado de los militares en Argentina. Yo he estado en Plaza de Mayo un día o dos acompañando a las Abuelas de Plaza de Mayo que reclamaban a sus familiares desaparecidos. Yo lo he vivido esto.
En aquella época, la relación era de 5 a 1: por cada moneda que se hacía aquí, allí se hacían cinco. Muchos de ellos regresaron con dinero, y luego hicieron una pequeña finca.
-Usted también hace talleres en la prisión.
-Sí, cuatro meses al año. Tiene un éxito bárbaro. Y apenas hay ibicencos. Hay algunos extranjeros también, y musulmanes, que vienen a los talleres, y tienen mucho éxito. El teatro es algo universal. No es como en una película, que puedes cortar. Te la juegas en el escenario con tus conocimientos, puedes tener lapsus de memoria. El teatro es una verdadera escuela de la vida.
En su momento, cuando preparamos 'Dinner for one' con Elisa, hace años, la presentamos en todos los geriátricos de Ibiza, gratis, por supuesto. Necesitábamos un presentador, que se atrevió a presentarla, y la estrenamos en la sala Cervantes, en Sant Antoni, hace dieciséis años. Tuvo un éxito insospechado, maravilloso. También pedí permiso a la prisión para interpretarla allí. El director de la prisión de aquel entonces me preguntó si podíamos hacer talleres de teatro, y les dijimos que sí. Así nació el teatro en la prisión.
Es complicado porque no puedes ir a la prisión con una obra escrita porque hay altas y bajas. Hay a lo mejor 15 hombres y 3 mujeres. Yo empecé a escribir teatro en la prisión porque me encontré con esta hándicap espantoso. A no ser que trabajemos junto con los presos, que yo no los llamo presos, los llamo compañeros. Ahí empecé a hacer microteatro, con varios grupos. Desde entonces lo hacemos cada año. Paramos durante la pandemia, pero ahora vamos a retomarlo. La prisión me espera siempre.
-Y ellos interpretan ahí en la prisión.
-Sí, es maravilloso. Por supuesto no puede venir público, excepto otros presos, y algunos compañeros de mi grupo de teatro. La experiencia mía en la prisión ha sido indescriptible. Esas personas están allí por algo, pero yo no me meto en esas cosas. No me interesa saber. Me interesan las personas, no los hechos. He hecho unas amistades impresionantes: me visitan, me llaman... Hay gente que me dice: «tú vas a ser mi padrino de bodas». Y son delincuentes, lo sé. Pero me arropan, me quieren como si fuera su padre. Yo antes actuaba, pero desde entonces escribo teatro por la necesidad de hacer esos pequeños relatos.
«Las personas tienen que pensar que hay alguien que los espera en la calle, así tras la experiencia de la prisión salen un poquito mejores»
-¿Es esa la experiencia más gratificante?
-Sí. Ellos son personas, no son animales. Algunas personas me han llegado a decir: «¿Tú haces teatro en la prisión? ¡Que se jodan esos!». No, no, no, no. Un perro que te ladra, lo acaricias y deja de ladrarte. Las personas tienen que pensar que hay alguien que los espera en la calle, así tras la experiencia de la prisión salen un poquito mejores.
-Es importante para la rehabilitación.
-Sí. Y los guardias concuerdan conmigo. Y la dirección me da facilidades enormes. Cada año son nuevos, y hay que empezar todo otra vez. El elenco se llena enseguida y hay cola de espera para ver si hay alguna baja.
-Hablemos de su nueva obra. Hay tres fechas cerradas, pero se espera que salgan más.
-Sí, nos contratan en las fiestas de los pueblos también. Es cuando más trabajo tenemos.
-¿A usted le gustaría ver alguna de sus obras en la gran pantalla?
-Sí, yo soy cinéfilo a más no poder, un espectador nato.
-¿Tiene algún referente en la isla?
-Sí, Pedro Cañestro. También al que llamamos 'el Messi del teatro', Pep Hereva, que interpreta un personaje en la obra. Es muy bueno y hace cualquier papel.
-¿Ya está escribiendo la obra del año que viene?
-Sí. Montar una obra de teatro lleva mucho trabajo, llega un momento que te agota. Pero sin el público no hubiéramos sido nada. Verás que en el cine reunimos a seiscientas personas. En Santa Agnès no se cabe en la carpa.
En San Agustín, la asociación de gente mayor nos pidió si les podía escribir una obra para representarla. Es el tercer año que presento unos sainetes cortos, de veinte minutos, y participo altruistamente. Tengo más actividades de las que tú piensas.