Aunque la mañana comenzó triste y gris, lentamente la plaza de Sant Jordi se fue llenando de gente para disfrutar de las actividades organizadas con motivo del Día de Baleares. A las 10.30 horas, el desfile de carros y una pequeña ballada con la Colla de Vila sirvieron, de alguna forma, como pistoletazo de salida de los actos previstos.
En la muestra de artesanía, las opiniones sobre la celebración entre las diferentes participantes eran de lo más diversas. Marián y Nieves, dos conocidas artesanas de la isla, habituales en este tipo de actividades, lamentaron las «complicaciones» que este año habían sufrido para poder tener un parada.
«Antes no era artesana y he podido ir a Fitur y a Palma, pero últimamente todo es muy complicado y ha cambiado mucho. No sé si ahora lo organiza otra gente», comentó Nieves.
Marián también lamentó que otros años ha estado en iniciativas similares «y ninguno ha sido así». De hecho, ambas aseguraron que, de cara a próximas ediciones, van a plantearse si acudir o no.
«Me parece raro que sea así porque el próximo año hay elecciones. Además, tampoco somos tantos», insistieron.
Pepita, otra artesana, también consideró que «cada vez esta fiesta va hacia abajo. No nos tratan demasiado bien porque nos dan un botellín de agua y un plátano para estar aquí desde las siete de la mañana hasta las tres». Vestida de payesa y mientras hilaba lana, manifestó que, cuando el año pasado viajó a Mallorca para participar en el Día de Baleares, el trato recibido tampoco fue el esperado.
Cristina, de la asociación Eines i Feines, ya avanzó que «el año que viene no me apunto y además hemos tenido que pagar 50 euros para participar que, según dicen, después nos devolverán».
Otras artesanas, al ser el primer año que acudieron a una muestra de estas características, reconocieron que, por el momento, estaban contentas con la experiencia.
Verónica Ferrer, de Catalinas Ibiza, explicaba a los visitantes de su puesto el origen del nombre elegido para la firma de joyas que dirige junto a Ana Serra. Las joyeras afirmaron que la gente, en estas ferias, les suele preguntar también por los materiales que utilizan o de dónde les viene la inspiración puesto que sus piezas se basan en la joyería tradicional ibicenca.
Javier y sus dos hijas recorrieron ayer los diferentes puestos artesanales. Según explicó este padre de familia, «somos de Ibiza y solemos siempre venir a ver estas cosas».
A María del Carmen le «encantan» las muestras artesanales como la organizada en Sant Jordi, más cuando son en su lugar de residencia.
A Mariana, sin embargo, todo le pareció «un poco desorganizado» puesto que tuvo que dar varias vueltas por el pueblo hasta que encontró las paradas de artesanía y las otras actividades. «Una cosa es en un sitio, otra en otro, y todo me parece confuso. La doma es lo que más me apetece ver», insistió.
Rita y Ana, vecinas de Sant Jordi, afirmaron que «todo lo que es fiesta, más si lo hacen en nuestro pueblo, nos parece muy bien».
Los juguetes de madera de gran formato de Jugueroix, el proyecto impulsado por Alfredo Marí, fueron uno de los grandes atractivos de la fiesta, sobre todo para los más pequeños. Muchos niños tuvieron la oportunidad de jugar por primera vez con el futbolín gigante elaborado por el propio Marí.
«Los jugadores los he hecho uno a uno con el torno. Me ha supuesto mucho trabajo», concluyó.