Subiendo a Dalt Vila a través del Portal de Ses Taules, donde habitualmente se sitúan los herreros que, con su arte y manejo de la Forja, dan la bienvenida a los visitantes a Eivissa Medieval, una mujer se pregunta el por qué está todo tan vacío. Y es que este jueves se esperaba la gran inauguración y la primera de las jornadas de una de las fiestas más populares de toda la isla que, sin embargo, ha quedado notablemente deslucida por un tiempo que no ha acompañado, tanto por las lluvias como por el viento.
La gran inauguración, un espectáculo en el Portal de Ses Taules que ya se ha convertido en un clásico, se esperaba para las siete de la tarde de este jueves. Sin embargo, pasadas las doce, el Ayuntamiento de Ibiza anunciaba que, debido a la previsión de lluvias, se posponía la ceremonia de inauguración de Eivissa Medieval hasta el viernes a las 18 horas, así como el resto de actividades al aire libre, que quedaban suspendidas.
Este mensaje, aseguraban algunos de los comerciantes, podría haber llevado a confusión a los potenciales visitantes, pensando que esa suspensión de la inauguración suponía la cancelación de toda la jornada. Sea por ese motivo, o sencillamente porque las condiciones climatológicas adversas no acompañaban, la realidad es que el gentío habitual que se acumula en las calles de Dalt Vila no se ha producido este jueves.
Los primeros puestos, los que se ubican en Vara de Rey, muy variados en cuanto a su contenido, sí que presentaban una afluencia de gente aceptable. Sin embargo, cuando se emprendía camino hacia el Portal de Ses Taules, a través del carrer Aníbal, los puestos, habitualmente dedicados a muestras de artesanía, tanto de nuestras islas como foráneas, estaban cerrados. Solo estaba abierto el gran puesto de alimentación, que ya es un clásico en la zona.
Frente a un Mercat Vell todavía en obras, una gran lona blanca cubría los elementos que seguramente habían de ser parte del espectáculo inaugural de este jueves y que servirán, si el tiempo respeta, para la tarde del viernes. Arriba, en Dalt Vila, algunos de los centros neurálgicos del mercadillo medieval, como el Carrer Sa Carrosa, el de General Balanzat o los puestos de cocina de Plaça Espanya apenas contaban con unas cuantas personas recorriendo sus puestos.
Los comerciantes
Este flojo arranque se lo han tomado los comerciantes con la mejor de las filosofías: Nadia, que regenta un puesto de dulces y pequeñas delicias, asegura que este comienzo «es un poco preocupante», pero que confía en que «a la mínima que el tiempo cambie, la gente seguro que se anima a visitar el Medieval».
Sebastián trabaja en su puesto en elaborar una de las tantas pulseras que elabora en diferentes materias, como cobre o bronce, como anillos en plata. Él es artesano de la isla, y acude a los diferentes mercados que se celebran, pero dentro de ello «el Medieval es ya una tradición que llevo haciendo los últimos 15 años».
Foto: Moisés Copa
Mari Carmen asegura estar «muy triste, por el tiempo y la falta de gente». Ella es una habitual de Eivissa Medieval, junto a sus compañeros, todos ellos de Lugo, llevan viniendo más de dos décadas para ofrecer su gastronomía.
Virgilio, quien asegura también portar más de 20 años acudiendo a esta celebración, trata de aportar un toque optimista: «algún día tiene que llover, entonces mejor que lo haga el jueves, que es el día más flojo». Asegura que para ellos esta feria «es de las mejores de toda España» y que, año tras año, sigue reencontrándose con clientes de toda la vida.
Los inicios de mayo casi siempre son lluviosos en la isla