«El verano es terrible», asegura Antonia, una de las vendedoras del Mercat de Forada que, como cada sábado, acerca productos del campo y de la artesanía de la isla a turistas y locales. Ella porta los productos de su huerta, regada por es Broll de Buscastells. Pero, sobre todo, si sigue acudiendo al mercado es para vender el pan que elabora «que es artesanal, de masa madre, y que mucha gente tiene costumbre de venir a por él los sábados».
De entre los productos propiamente del campo, en estos meses veraniegos los protagonistas indiscutibles son las sandías y los melones. Uno de sus vendedores es Pep Ramón, de Ca Raconada, también de es Broll de Buscastells quien además de estos, en su puesto tiene «patatas, que tenemos todo el año; limas, que no tenemos muchas pero que se han puesto de moda últimamente y camomila, hecha de manera muy artesanal». Esta última se recoge por el día de Sant Joa, y se utiliza para elaborar las populares herbes eivissenques.
El puesto más grande de este Mercado de Forada corresponde a Bartolo y Toni. En él los grandes protagonistas siguen siendo las frutas del verano «pero también el tomate, el pepino o el calabacín», asegura el segundo de ellos. También los limones, aunque son ya «cada vez más escasos».
Antonio Guasch, en su puesto, vende productos artesanales propios de la isla, en su caso de su propia marca «que ha sido premiada en Londres tanto por el aceite como por la miel», presume. Ahora, asegura, es más difícil vender porque viene menos gente «pero siempre alguno cae». Junto a él se encuentra Acacia, con los productos que ella misma teje a modo de hobby, que emprendió desde que se jubiló. «Lo que más me gusta a mí es que un turista vuelva dos años después y vuelva a comprarme otra cosa».