Sant Miquel ha celebrado este martes su día grande con una jornada en la que la tradición ha vuelto a ocupar el centro de la fiesta, aunque con un horario diferente al de otros años. La celebración se ha trasladado a la tarde, lo que ha permitido que los actos comenzaran a las 18 horas y que la fiesta se prolongara después hasta la noche con música y fuego.
La iglesia ha vuelto a ser el punto de encuentro para los vecinos en una jornada marcada, como es habitual, por la celebración religiosa y la cultura popular. La misa solemne oficiada por el obispo de Ibiza y Formentera, Vicent Ribas, y a la que han accedido tanto el presidente del Consell d’Eivissa, Vicent Marí, como la alcaldesa de Sant Joan, Tania Marí, ha dado paso a la procesión, uno de esos momentos que cada año devuelve a Sant Miquel una imagen reconocible y profundamente ligada a su identidad.
Tradición
Después de la procesión ha llegado uno de los momentos más esperados de la jornada. A las 19 horas, la Colla de Balansat ha tomado el relevo con el ball pagès, llevando al patio de la iglesia los sonidos de la flauta, el tambor y las castanyoles y los movimientos pausados de los balladors.
El público, que ha abarrotado la plaza de la iglesia, ha seguido de cerca una escena que forma parte del paisaje de las fiestas de Sant Miquel. Los trajes tradicionales, la música y el baile han vuelto a ocupar el espacio frente a la iglesia, mientras los asistentes compartían otra de las costumbres inseparables de esta celebración: las orelletes.
La diferencia respecto a otras ediciones ha estado este año en el reloj. La fiesta no se ha terminado con los actos tradicionales de la tarde, sino que ha continuado cuando el día empezaba a caer. A las 20.30 horas, el grupo Groove Garaje ha puesto música a la segunda parte de la celebración con un concierto que ha prolongado el ambiente festivo.
Fuego
Y todavía quedaba el último capítulo. A las 22.45 horas, Els Mals Esperits han tomado el protagonismo con el correfoc, llevando el fuego y la pólvora a una jornada que había comenzado varias horas antes en torno a la iglesia.
Así, el día grande de Sant Miquel ha conservado el ritual de siempre —misa, procesión, ball pagès y orelletes—, pero ha cambiado el ritmo para adaptarlo a una celebración que este año se ha desarrollado de la tarde a la noche.
La fiesta ha vuelto a demostrar que las tradiciones no necesitan cambiar para que cada edición tenga su propio carácter. Basta con reunir de nuevo a la gente alrededor de la iglesia, escuchar la música de la colla, compartir unas orelletes y esperar a que llegue el fuego para que Sant Miquel vuelva a sentirse como Sant Miquel.