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Bares de siempre

Pin Por: «Buena comida, buena gente y buen rollo»

El bar de Sant Francesc mantiene viva una tradición familiar de los ‘Simonets’ vinculada a la cocina de Formentera

Pin Por, en Sant Francesc. | Foto: Toni P.

| Sant Francesc |

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Corría la década de los setenta cuando Vicent Pins abrió en Sant Francesc un bar a pie de carretera al que llamó Pin Por, un nombre que hacía referencia a ‘pins i portes’. El establecimiento fue pasando por distintas manos hasta que, en la última década del siglo XX, Pilar y Marcos, madre e hijo, se hicieron cargo del negocio. Durante más de tres décadas estuvieron al frente del bar, hasta la jubilación de Pilar.

Ahora el Pin Por afronta una nueva etapa de la mano de Alberto Cardona, ‘Simonet’, hermano de Marcos e hijo de Pilar, y de su propio hijo, Eloy. Una nueva generación que mantiene el vínculo de la familia con los fogones y con un establecimiento que forma parte de la historia cotidiana de Sant Francesc.

Alberto se ocupa actualmente de la barra, mientras que Eloy está al frente de la cocina, siguiendo una tradición familiar que se remonta varias generaciones. Su bisabuelo Pep aprendió el oficio en el mítico bar San Fernando y tanto él como su hijo, también Pep, fueron reconocidos cocineros de Formentera. Jaume y Xicu, hermanos de este último, también desarrollaron su vida profesional entre fogones.

«Desde que veía a mis abuelos trabajar aquí, en la cocina, siempre tuve la ilusión de ser cocinero. Creo que me viene de familia y, si algún día tengo hijos, espero que también continúen con el oficio», explica Eloy.

Tradición

Su apuesta pasa por mantener una cocina tradicional y reconocible. Entre las especialidades del Pin Por están las parrilladas de pescado, elaboradas con producto fresco que compran en su pescadería de confianza, El Carmen, además de la ‘porcella al forn’, la paella y distintos platos de pescado fresco. También continúa siendo protagonista el popular pollo a l’ast, al que Alberto suma otros clásicos de la cocina de la isla, como «guisas i bullits».

La cocina del Pin Por también quiere mirar hacia fuera sin perder sus raíces. De cara al invierno, el establecimiento tiene previsto organizar ciclos de semanas temáticas en los que se acercarán a la isla diferentes cocinas de España y del mundo: «Una semana cocina gallega, otra manchega…», explica Eloy.

Porque si algo ha caracterizado históricamente al Pin Por, además de sus platos, es su condición de bar para todos los momentos del día. Los desayunos, el tapeo y los menús forman parte de una propuesta que ha conseguido mantener una clientela fiel durante décadas.

Alberto conoce bien el oficio. Se curtió junto a su madre y su hermano durante los años en que la familia estuvo al frente del establecimiento y posteriormente trabajó como camarero en algunos lugares emblemáticos de la isla, entre ellos la Fonda Pepe y el restaurante Sa Sequi. Eloy, por su parte, estudió cocina y completó su formación profesional trabajando durante años como cocinero en Sa Platjeta, en Migjorn.

El equipo actual se completa con Marco Antonio, Marian, Dalila y Christian, ayudante de cocina.

Clientela

Buena parte de los clientes del Pin Por siguen siendo vecinos de la isla, tanto formenterenses como italianos residentes, atraídos, según explica la familia, por la calidad de la cocina y unos precios que «siempre han sido la mar de competitivos».

Entre quienes conocen bien el establecimiento está Max, que lleva más de veinte años entrando por la puerta del Pin Por. «Llevo viniendo a este bar desde que llegué a Formentera», explica. Para él, una de las grandes virtudes del establecimiento siguen siendo «los mejores menús a los mejores precios de toda la isla».

En estas dos décadas también ha sido testigo de la transformación del local. «Ha cambiado mucho desde que lo conocí y para mejor», asegura. Y recuerda con humor una de las imágenes que forman parte de la memoria del establecimiento: «Antes era un bar muy grasiento: tenían una maqueta de un velero encima de la parrilla que con los años se fue llenando de grasa». La pequeña embarcación sigue allí, aunque ahora está protegida dentro de una urna «como una reliquia, con toda esa grasa antigua todavía pegada».

Alex es otro de los habituales. Aunque reconoce que hace menos tiempo que frecuenta el Pin Por, asegura que pasa allí buena parte de sus jornadas. «Se podría decir que trabajamos aquí: estamos todo el día sujetando la barra», bromea. Más allá de la exageración, destaca el ambiente del establecimiento: «Es un lugar acogedor, hay buen ambiente… es uno de esos bares de siempre donde te encuentras amigos y donde te echas unas risas».

Álex.

Manuel también conoce bien el local. Lleva 30 años viviendo en Formentera y, aunque nació en Uruguay, recuerda que su padre era natural de La Mola, de ‘sa casa d’es balcó’. Explica que antes acudía con mayor frecuencia, aunque todavía se deja caer de vez en cuando. De la cocina del Pin Por destaca, sobre todo, sus cantidades: «Cocinan la mar de bien y muy abundante. Cuando comes aquí quedas servido para todo el día», asegura entre risas.

Paco, por su parte, puede presumir de una relación todavía más larga con el establecimiento: «Yo llevo toda la vida viniendo a este bar». Ha visto de cerca las transformaciones que ha experimentado el Pin Por y considera que el cambio no ha hecho perder su esencia. «Las cosas pueden cambiar para bien o para mal, este siempre ha cambiado para bien», señala.

Paco.

Y resume en cuatro palabras aquello que, a su juicio, explica la permanencia del establecimiento: «Han sabido conservar todo lo bueno: buena comida, buena gente y buen rollo».

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