El pasado miércoles, un nutrido grupo de personas se reunió en el Cementerio Municipal de Formentera para despedir a la mujer embarazada que apareció sin vida el pasado 30 de marzo en la playa de ses Canyes, en las proximidades de es Pujols. El cuerpo pertenecería, según las hipótesis, a una mujer migrante que habría perdido la vida tratando de alcanzar costas europeas, según informó Ràdio Illa. La mujer estaba embarazada de cinco meses en el momento de su fallecimiento.
Las largas travesías en embarcaciones precarias y saturadas bajo condiciones climatológicas adversas han convertido al Mediterráneo en una verdadera tumba. Solo en 2025, hasta 1.037 personas perdieron la vida en el mar en la ruta argelina del mediterráneo occidental, según la ONG Caminando Fronteras. La travesía puede durar hasta 50 horas y el precio del viaje puede ascender hasta 3.000 euros por persona que los migrantes deben abonar a las mafias de tráfico de personas para escapar de sus países en los que las condiciones económicas y las guerras los empujan a tomar decisiones desesperadas en busca de un futuro mejor.
Durante el acto, los asistentes guardaron unos minutos de silencio, depositaron ofrendas florales y se repartió leche y dátiles, una costumbre funeraria arraigada en el mundo musulmán.
En la tumba solamente se pudo registrar el epitafio: «Mortes a la mar. Desconegudes. 20-3-2026». Lamentablemente, en dicho cementerio se pueden leer otros 21 epitafios del estilo, pertenecientes a otras personas cuya identidad nunca se llegó a conocer y que encontraron sepultura en la Pitiusa menor. El pasado 10 de abril, los vecinos de Formentera encontraron otro cuerpo en es Carnatge y otro más el día 12 en la playa de es Pujols.