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Primavera en Cas Serres

160 internos celebraron ayer con retraso la entrada de la estación junto a sus familiares y compañeros

El buen humor reinó durante la jornada. Foto: VICENÇ FENOLLOSA.

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El día no acompañó y la tradicional fiesta de primavera tuvo que celebrarse en la cafetería de la Residencia Asistida de Cas Serres. A los 160 internos, no obstante, no les importó demasiado. Lo fundamental era reunirse con sus familiares y poder compartir con ellos un día de fiesta.

La jornada dio comienzo a las once y media con la inauguración de la exposición «Tal com erem», 300 fotografías de los residentes y del personal de la residencia que repasaban el siglo a través de recuerdos en forma de imágenes. Retratos datados en 1900 y 1910 abrían la muestra que terminaba con fotografías actuales. «El trabajo de recopilación, clasificación y montaje no ha sido nada fácil -comentaba la directora del centro Pepita Marí- y todo el mérito debe atribuírsele a Paula Muñoz. Sin ella esto no hubiera sido posible».

La exposición también escondía sorpresas. Los asistentes a la fiesta debían adivinar quién era quién en una de las fotografías y votar el retrato que más les había gustado. El éxito de la muestra, se dejaba notar en el interés de los internos: Paula, cantante profesional, se mostraba orgullosa de su retrato expuesto: una impresionante fotografía que la mostraba en plena actuación: traje negro ajustado sobre un cuerpo de impresión y los brazos abiertos acompañando la melodía que se intuye. Paula volvió a actuar ayer ante sus compañeros, interpretando «El reloj». «Sigue teniendo una voz maravillosa», comentó Pepita Marí.

Otro de los internos que se animaron a participar fue Juanito Hernán: «Cantaré 'Adiós Muchacho' y si me apetece puede que algo más», comentaba momentos antes de su actuación. Juanito Hernán también fue cantante, «en la actualidad canto cuando me apetece, a veces sí y a veces no». Otras actuaciones corrieron a cargo de la cupletista Carmen, Pedro Riquelme o Jesús Barca.

La participación de los residentes en la fiesta también se dejaba notar en los múltiples detalles que los internos habían confeccionado para la ocasión: diademas con flores cosidas, o pequeñas tarjetas anunciando la fiesta.

El fin de fiesta corrió a cargo de la banda de Cornetas, Tambores y Majorettes de ses Figueretes que pusieron la música y la juventud a una tarde marcada por las notas del recuerdo, la veteranía y la alegría. Melodías ajenas para una celebración en la que, sobre todo, reinó un clima propio que el carácter y la experiencia de los internos dotó de un sabor peculiar.

La primavera tal vez celebrara tarde su entrada en Cas Serres, pero llevaba mucho tiempo viviendo con cada uno de los allí presentes.

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