Las obras de ampliación de la desaladora de es Ca Marí en Formentera incorporan algunas innovaciones técnicas de gran importancia que en el futuro podrán ser aplicadas a otras instalaciones similares. El motivo de estas innovaciones es consecuencia del tamaño reducido de la planta desaladora. La primera y principal de las propuestas es el rediseño de los tubos de presión donde se alojan las membranas de ósmosis inversa que filtran el agua; ha sido preciso pues diseñar los tubos de presión en dos tramos unidos entre sí por unos conectores que dan continuidad a los distintos flujos de agua del mar, salmuera y producto.
Ésta es una solución que hasta la fecha no se había aplicado en ninguna otra planta desaladora y será, según los responsables del Ministerio de Medio Ambiente, «de gran utilidad en futuras remodelaciones de plantas desaladoras». Otra de suma importancia consiste en la división del bastidor principal en dos sub-bastidores con capacidad de producción de 1.000 metros cúbicos día cada uno, lo cual servirá para regular la producción de acuerdo con la demanda, utilizando la turbobomba de reserva de la antigua instalación. Según los técnicos, esto «mejora las condiciones de funcionamiento rebajando el consumo específico de electricidad».
Ambas soluciones derivan, según los técnicos, en una «rebaja apreciable del consumo específico disminuyendo también los costes fijos de explotación» lo cual, sin duda, «repercutirá en una rebaja significativa del coste del agua desalada». Con la ampliación, la producción de agua diaria máxima pasará de 2.000 a 4.000 metros cúbicos, si bien en invierno el consumo de es del orden de 1.000 o incluso inferior. En las puntas veraniegas la demanda superaba la capacidad la planta, 2000 metros cúbicos, a la que había que añadir los 450 de la antigua desaladora de Gesa que se ponía en marcha como refuerzo a la producción, que se consumía toda. A esta situación había que añadirle el progresivo descenso en los niveles de los depósitos reguladores de la isla.