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Vivienda

El nuevo albergue de Vila abre con 15 usuarios y una lista de espera de otras 20 personas

De izq. a dcha. Rafa Ruiz, Carmen Boned y Elena López, ayer, durante la visita a las instalaciones. | Marcelo Sastre

| Ibiza |

Con casi un año de retraso sobre el plazo previsto, el alcalde de Ibiza, el socialista Rafa Ruiz, inauguró ayer el nuevo Servicio de Acogida Municipal, ubicado en la confluencia de las calles Abad y Lasierra y Vicente Serra. Un albergue que, dijo visiblemente emocionado, convierte a la capital pitiusa «en una ciudad más digna». «Hoy [por ayer]», aseguró Ruiz, «Ibiza es más justa».

Este albergue cuenta con una capacidad de 15 plazas, que ya están adjudicadas. Pero la situación que atraviesa Ibiza en estos momentos, agravada por la crisis del COVID-19, ha provocado que el centro cuente ya con una lista de espera de unas 20 personas.

«Cualquiera de nosotros puede estar en esa situación», alertó Ruiz. El alcalde dijo sentir «vergüenza» de una isla con tantas carencias en materia de bienestar social. Recordó que es «responsabilidad de todos» dar respuesta a quienes se ven fuera de la sociedad y puso como ejemplo el «inconformismo» de su equipo de gobierno ante esta situación.

La distribución
Dividido en tres plantas, el nuevo albergue sustituirá al ya existente en la calle Carlos III, que, gestionado por Cáritas, quedará como centro de día, en el que los usuarios podrán ducharse o dejar sus pertenencias en consignas. Este servicio, cuya gestión llevará la empresa Estudi 6, cuenta con ocho habitaciones, de las cuales siete son dobles y una individual y adaptada para personas con movilidad reducida. Cada habitación cuenta con dos camas individuales, armarios personales, dos mesas y dos sillas. En la planta baja, se ubican el servicio de llegada y el de atención individualizada, además de la lavandería y la cocina. Entre la segunda y la tercera planta se distribuyen las habitaciones, los baños y las duchas. Además, en el futuro, podría construirse una planta y media más si fuera necesario, según explicó la teniente de alcalde, Elena López. Todas ellas están conectadas a través de un ascensor, que facilitará la movilidad tanto de los usuarios como de los 13 integrantes del equipo técnico que trabajará con ellos, bajo la coordinación de Carol Rueda.

La función de este albergue de media y alta exigencia es acoger a personas que se encuentran en una situación en la que sí pueden reincorporarse a una vida normal. «No se trata solo de dar un techo», dejó claro, por su parte, la concejala de Bienestar Social, Carmen Boned, «queremos incorporarlos a la vida y que recuperen lo que han perdido».

Boned señaló que uno de los fines de este nuevo servicio es evitar que «se agrave» la situación que atraviesan sus usuarios, cuyo principal problema es la falta de vivienda. En este sentido, la coordinadora del albergue, Carol Rueda, dejó claro que «no se trata de personas que estén viviendo en la calle, aunque algunos de ellos sí que lo están, pero tienen diferentes perfiles y una situación multicausal». La técnica de Servicios Sociales, Elena Pérez, señaló, por su parte, que uno de los objetivos será ayudar a estos usuarios a encontrar trabajo. Para ello, el centro contará con un espacio habilitado con dos ordenadores y teléfono, desde el que podrán buscar ofertas laborales y enviar currículos, asesorados por el equipo de trabajo del centro.

Otro recurso más
La construcción del albergue ha costado cerca de 1,5 millones de euros. Su gestión supondrá un gasto anual al Consistorio de 435.000 euros. Se trata de una infraestructura que se suma a las ya existentes en la red municipal de servicios sociales. Esta red cuenta, por ejemplo, con 10 pisos tutelados en los que residen en estos momentos 25 personas.

El Consistorio, además, atiende de forma permanente a otro tipo de usuarios en el centro de acogida de Sa Bodega, con capacidad para 13 usuarios, que pueden ampliarse a 15 y que también está lleno ahora mismo. Mientras tanto, el Ayuntamiento sigue tramitando la construcción del centro de baja de exigencia de es Gorg y a la espera de que el Consell Insular pueda poner en marcha el de Sa Joveria.

Carmen Boned alertó de que «cada vez hay más familias con hijos que no tienen a donde ir» y dejó claro que la obligación del Ayuntamiento es ayudar a estas personas a «recuperar sus vidas y a tener salidas dignas». La pandemia ha agravado la situación de muchos residentes en Ibiza, llevándoles a «una situación límite» ante la que el Ayuntamiento ha de intervenir.

Una semana de puertas abiertas

El nuevo albergue municipal permanecerá abierto durante los próximos días con el fin de que pueda ser visitado tanto por vecinos como por diferentes entidades. El objetivo es que conozcan las instalaciones pero también que pierdan «el miedo» que suscitó en su día el anuncio de la puesta en marcha de este servicio. «No se debe tener miedo», dijo ayer Rafa Ruiz sobre aquellas protestas, «nosotros, además, estaremos pendientes».

El alcalde, por otro lado, insistió en la idea de que es obligación de las administraciones atender a quienes se encuentran en una situación vulnerable. En este sentido, abundó en la idea de que este nuevo albergue tiene como objetivo «ayudar a estas personas a recuperar su vida, a que tengan un techo, que es algo que debería ser incuestionable». Ruiz denunció que «cada vez hay más gente en esta situación» y abundó en la idea de que es algo que le puede pasar a cualquiera, por lo que apeló a la responsabilidad de todos a la hora de afrontar este problema social que, agravado por la pandemia, afecta a cada vez más ciudadanos.

Una infraestructura polémica que se ha retrasado

El recién inaugurado nuevo albergue de Vila es un proyecto de la legislatura pasada. En ese momento se empezó a hablar de la necesidad de una nueva infraestructura para dar salida a la creciente demanda de personas que requerían este recurso. Vila, con el exconcejal Joan Ribas en el área de Servicios Sociales, escogió este emplazamiento en el centro de la ciudad, en la calle Vicente Serra y Orvay y fue entonces cuando la Asociación de Vecinos y Comerciantes se movilizó en contra de esta ubicación. Recogieron casi 2.000 firmas que defendían que no era el sitio adecuado al estar cerca de colegios y carecer de aparcamiento, además de no haber evaluado el impacto en el barrio. Finalmente, el equipo de Gobierno de Vila ha seguido adelante sin el apoyo vecinal. En paralelo, la puesta en marcha de este recurso se ha retrasado ya que las obras empezaron en septiembre de 2019 con el objetivo de que estuviera todo listo para finales del año pasado, algo que no sucedió ya que es ahora, casi a finales de 2021, cuando ha abierto sus puertas.

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