El programa de la TEF, Bona Nit Pitiüses Entrevistes, ha contado con la participación de «un hombre del Renacimiento» debido a sus múltiples facetas.
—¿Qué le gusta más preguntar o responder?
—Preguntar es mucho más fácil. Con Terra Salada tuve una experiencia muy chula, además en un año muy complicado porque estábamos en pandemia y no sabíamos si atrevernos a hacer el programa. Llegó un punto en que la propia gente nos lo pedía. Tuvo mucho impacto entre la sociedad, especialmente entre los agricultores, y yo debo reconocer que me lo pasé muy bien. Además, aprendí muchísimas cosas porque me tenía que documentar para hacer los guiones. En una época en la que todos estaban encerrados, yo podía salir a pescar, salir al campo, fue fantástico.
—¿Se le quedó algo pendiente?
—Un montón de reportajes, no sólo de productos, sino de personas que después he ido conociendo y que tienen una gran entrevista. Algunos son jóvenes que se dedican al campo o a la ganadería y la pesca. Siempre digo que esta gente son los ecologistas de verdad; los payeses que tratan el campo como si fuera un jardín. Al mismo tiempo, nos garantizan que no haya incendios; reaprovechan el bosque. Siempre digo que para ir adelante, hay que volver atrás. Estoy seguro de que tus padres y abuelos gastaban menos y generaban menos residuos. Esta radiografía que hicimos del sector primario de Ibiza es una mirada atrás para saber hacia dónde debemos ir. Me alegra mucho ver que cada año hay más cultivos ecológicos atendidos por jóvenes. La Administración también lo está potenciando mucho. Hay una mujer, Neus Soldat, que era directora de una sucursal bancaria y que, de un día a otro, decidió dedicarse al campo.
—Hay que ser valiente para dar ese cambio.
—Mucho, porque además es muy sacrificado.
—Si hablamos de su vida, ¿dónde nace?
—Yo soy de Sant Miquel y nací en el campo, en una familia humilde. Mi padre es jardinero y mi madre trabajaba limpiando casas. Estamos muy arraigados a la tierra, a las tradiciones. Somos de un pueblo pequeño, pero con gente muy grande. Fui a la escuela pública y he vivido en Madrid, Barcelona o Milán, pero la vida me ha devuelto a Sant Miquel y no puedo estar más contento.
—¿Qué enseñaría de Sant Miquel?
—Una de las parroquias más antiguas de Ibiza que comenzó a hacerse en el siglo XV. También, las cuevas de Can Marçà. Tenemos playas fantásticas y después tenemos lugares con una gastronomía espectacular, muy variada. También contamos con una gran colla de ‘ball pagès’ y un buen tejido asociativo con los obreros o las asociaciones de vecinos. Son los garantes de que el pueblo esté vivo. Sant Miquel tiene una tónica creciente. Se abren muchos negocios y está creciendo. Es un lugar que vale la pena visitar.
—¿Cambiaría algo en la zona?
—Sí, si hablamos de aquellos grandes hoteles en el puerto de Sant Miquel. Eran terribles, aunque lograron un premio de arquitectura en su momento. Ahora, se están reconvirtiendo. Hay dos acabados y otro en obras en el puerto y en breve la zona tendrá una imagen muy diferente.
—Hizo también un programa sobre restaurantes de la isla.
—En Ibiza tenemos una gran variedad gastronómica y hay restaurantes emprendedores, innovadores y muy valientes que funcionan. En Sant Miquel, hace unos años, abrió un tailandés. Todos decían que no iba a funcionar y ahora, probablemente, es uno de los lugares con más gente. Ibiza es un lugar de gente emprendedora y valiente.
—Le gusta mucho la pesca.
—Sí. Es muy diferente pescar en el norte de la isla que en el sur. Yo soy tradicional. La pesca, o gusta, o es insufrible. No he visto a nadie respetar tanto el mar como los propios pescadores. No necesitan normativas para enseñarles cómo deben cuidar el mar.
—¿Es partidario de hacer más reservas naturales?
—Sí, pero deben hacerse con criterio científico. Creo que, donde hay, se ha demostrado que se ha recuperado la zona y los alrededores. Además, se pueden hacer reservas temporales y hay de muchos tipos prohibiendo, por ejemplo, determinadas técnicas. Los datos indican que funcionan.
—Le gusta bucear.
—Mucho, aunque he vivido momentos complicados. Ahora llevaré unas 300 inmersiones, pero cuando comencé viví una situación difícil en una cueva muy estrecha. Menos mal que mi amigo vino rápidamente. El submarinismo tiene su riesgo y en Ibiza tenemos un agua espectacular. El norte tiene mucha vida, con especies y colores diferentes, tanto de día como de noche.
—¿Le ha impactado algún lugar de los que ha visitado para bucear?
—El Mar Rojo. He estado en México o Maldivas, pero Egipto es el lugar que más me impactó. Abajo tiene una gran cantidad de vida, de corales o colores. Me impactó mucho esta diferencia porque arriba todo era desértico.
—Usted es tenor, ¿de dónde le surgió esta pasión por la música?
—De pequeño aprendí a tocar la guitarra y con 13 años descubrí la música clásica y fue cuando decidí aprender lírica. Con los años, me fui a ciudades como Milán a estudiar con una soprano rusa y, desde hace un tiempo, recorro Ibiza o Mallorca junto a Elvira Ramón, que es pianista, con quien es muy fácil porque respiramos juntos y tenemos una gran química, lo cual desde abajo se nota mucho. Ella ha evolucionado mucho; era más tímida y en los últimos años se ha ido soltando, atreviéndose a hacer cosas más impactantes.
—¿Cree que hay en la isla suficientes instalaciones culturales?
—Creo que se necesita un lugar para hacer una música determinada. No hay un teatro en condiciones para la clásica. La apuesta del Pereyra, que es privada, busca introducir música clásica y, para quienes nos gusta, es algo fantástico. En Ibiza hay mucha gente a quien le gusta. Hay cultura, conocimiento y ganas de conocer nuevos horizontes musicales.
—De profesión, usted es abogado.
—Creo que tuvo que ver que naciera en el campo, donde se habla mucho de herencias o de si se puede construir una casa. Me gusta además la política. El hecho de saber cómo están hechas las cosas siempre me generó curiosidad. Ahora me dedicó exclusivamente a Urbanismo y Derecho inmobiliario. Es lo que me da de comer.
—¿Cuáles son los principales problemas que le cuentan sus clientes?
—La gente de Ibiza está preocupada por los desahucios o temas de okupación, que se están convirtiendo en un temor para los pequeños propietarios. A mí me vienen a contar problemas y a veces te los llevas a casa. La gente, además, tiene problemas con las herencias, lo cual me ha sorprendido mucho. Son familias que tú piensas que se llevan bien y se están matando.
—¿El dinero rompe familias?
—Y tanto y los negocios también. Los negocios y las familias son agua y aceite. A veces, ves además una cara fea. Gente a quien se le ha muerto el padre y a los pocos días vienen a preguntar cuánto les toca. Ves una cara fea de la sociedad, pero también una parte bonita. De familias ibicencas que alquilan, no veo contratos de 3.000 euros, sino contratos más bajos con personas que les dan tranquilidad.
—Sobre la Ley de Vivienda, ¿qué opina?
—En Cataluña se han retirado por esta norma 40.000 viviendas del mercado, una cuarta parte de la oferta. Se demuestra que limitar el precio de los alquileres no funciona. En España tenemos un problema con la oferta y aquí es donde hay que poner soluciones; no ponerle trabas. Por tanto, debemos incentivar para que los propietarios pongan sus viviendas en el mercado y facilitar que los promotores puedan construir. Las administraciones tienen la labor de que se puedan desarrollar suelos urbanos. En Ibiza, uno de los grandes problemas es el alquiler turístico ilegal. Parece que nos hemos despertado y, en mi despacho, estoy recibiendo consultas de hasta cuatro infractores a la semana a quienes les han cazado. No hay una solución mágica al problema de la vivienda, pero sí un conjunto de medidas que pueden mejorarlo.
Daltvitoda la razón!