El aparcamiento de Es Gorg, en Ibiza, quedó prácticamente vacío este lunes tras varios días de salidas escalonadas por parte de sus ocupantes. A las siete de la mañana, momento en que expiraba el plazo otorgado por el Ayuntamiento para abandonar la zona, apenas quedaban una docena de vehículos y unas cinco tiendas de campaña, según fuentes municipales.
Efectivos de la Policía Local, la Policía Nacional y personal de Servicios Sociales acudieron a primera hora para supervisar la situación y ofrecer apoyo a las personas que aún permanecían en el recinto. Según el Consistorio, la recuperación del terreno se realizó «sin incidencias».
Pocas horas después, el Ayuntamiento anunció el inicio inmediato de las obras del Centro de Baja Exigencia, un equipamiento social largamente reclamado por la Mesa contra la Exclusión Social. La infraestructura, adjudicada a la empresa Tecnología de la Construcción y Obras Públicas, S.A., tendrá un coste total de 5,79 millones de euros (IVA incluido), financiados por el Consell Insular d’Eivissa, y aumentará su capacidad hasta 73 plazas, frente a las 59 previstas inicialmente.
Declaraciones institucionales
La concejala de Bienestar Social, Lola Penín, defendió que durante toda la semana se ha trabajado con las personas que vivían en es Gorg: «Llevamos toda la semana trabajando con las personas que vivían allí, informándoles de que a partir de hoy (por el lunes) se empieza el vallado de toda la zona», señaló. Según Penín, actualmente hay abiertos tres expedientes en Servicios Sociales y otros dos en Cruz Roja vinculados a antiguos residentes del aparcamiento.
«Hemos ofrecido plazas de emergencia social por un tiempo provisional, pero nos las han rechazado todas. La UTS Sa Riba está abierta a atender a cualquier persona en situación de vulnerabilidad», subrayó.
La concejala admitió la dificultad para encontrar alternativas habitacionales: «En el caso de que encuentren vivienda, el Ayuntamiento también les puede ayudar económicamente para que puedan acceder a ella. El problema es que no encuentran vivienda», explicó. Y añadió: «Lo que no tiene sentido es que la gente venga a trabajar sin tener vivienda. No se pueden normalizar los asentamientos».
Penín también alertó sobre los riesgos que, según defiende el Consistorio, suponen estos asentamientos, recordando el incendio de Can Rova, «están llenos de carbón, botellas de butano y otros elementos que son un peligro para ellos y para quienes les rodean».
Según la edil, tras abandonar es Gorg, algunos residentes se han desplazado a la zona de sa Joveria, un terreno privado cercano al hospital y a un colegio donde reconoció que «también supone el mismo peligro. Al tratarse de un terreno privado, es cuestión de tiempo que el juzgado tome una decisión sobre la zona de Sa Joveria».
Penín quiso subrayar que «esto no es un desalojo, es una recuperación de un suelo municipal que se necesita para hacer una obra muy importante: un albergue municipal que llevaba mucho tiempo siendo bloqueado». La concejala reconoció, no obstante, que la situación de Es Gorg «se nos ha ido de las manos, nunca debió haberse permitido que esto ocurriera. Mucho más cuando hay normativas que prohíben la acampada». Penín
También lanzó un mensaje de colaboración a otras administraciones: «Entre todas las administraciones que tenemos competencias debemos buscar una solución: no podemos estar desalojando cada dos meses».
Testimonios de los afectados
Mientras las grúas se llevaban las primeras caravanas vacías para iniciar el vallado y limpieza del solar, las personas que hasta ayer vivían allí buscan nuevos lugares donde poder quedarse. Liviu, un hombre rumano de 60 años que residía desde diciembre en su furgoneta mientras trabajaba en la construcción, expresaba su tristeza por la situación: «Solo me queda un mes y una semana para haber cotizado suficiente para mi jubilación y podré volver a Rumanía. No puedo más, estoy muy triste», explicaba. Poco después, su furgoneta, averiada, era retirada por una grúa de su seguro. Liviu contaba que su plan ahora es «buscar otros aparcamientos e irme moviendo cada 15 días» hasta poder regresar a su país.
Juan, un joven colombiano que llegó a Ibiza en enero de 2024, caminaba por la zona visiblemente preocupado: «No soy rebelde, no es que no me quiera marchar, pero no tengo ninguna solución. Todas mis cosas están en esta caravana que ‘heredé’ de un amigo venezolano que se marchó de Ibiza y no tengo con qué moverla ni dónde llevarla ni ningún papel», relataba. Juan explicó que le han ofrecido cinco días en un albergue, pero teme que después volverá a encontrarse en la misma situación: «Es imposible encontrar un piso», afirmaba con resignación.
Problema estructural
El Ayuntamiento defiende que con el nuevo centro social se cubrirá una necesidad histórica de la isla, pero los casos de Liviu, Juan y otros residentes evidencian las dificultades para acceder a una vivienda digna en Ibiza, incluso para personas que cuentan con empleo.
Mientras las obras del Centro de Baja Exigencia des Gorg comienzan este martes, algunos de los antiguos habitantes del aparcamiento ya han levantado sus vehículos en Sa Joveria, donde la situación legal del terreno podría forzar un nuevo desplazamiento en las próximas fechas cambiando el problema de lugar mientras las soluciones se resisten a manifestarse.
Un día entenderemos que ibiza es una isla .una isla tiene límites. No falta vivienda .tenemos miles de viviendas. Lo que pasa que el que llega a ibiza y cobra 1800€ ni puede ni quiere pagar 2000€ por vivir en una vivienda. No podemos ni debemos normalizar , que gente que llege la isla viva debajo de un pito,tienda campaña u caravana. Sobra gente .restaurantes . Hoteles . Ibiza es una isla .El dia que se enteren , será demasiado tarde....