Este miércoles Platja d’en Bossa presentaba una imagen muy distinta a la habitual. Muchos turistas esperaban taxis para abandonar la zona, numerosos establecimientos permanecían cerrados y las aceras estaban cubiertas de barro y agua. Sin embargo, bastaba con desviarse a una calle paralela para que el paisaje recuperase cierta normalidad. La tormenta de este martes dejó calles anegadas y alteró la rutina de residentes y visitantes. Algunos locales todavía limpian el barro y los restos de objetos desplazados por la corriente.
Turistas atrapados por la tormenta
Sam, alojado en Ibiza Jet Apartments, explicaba que tuvieron que permanecer dentro del apartamento. «No tuvimos problemas dentro, pero mi hermana estaba en otro hotel y tuvimos que acompañarla para que fuese al aeropuerto caminando por calles inundadas hasta la altura de las rodillas», relataba. Su compañero Alex añade que, a pesar de la situación, consiguieron moverse con precaución y llegar sin incidentes a su destino.
La escena se repite en la calle. Algunos comercios permanecen cerrados, como los restaurantes Murphy’s o Top 21, mientras que cafeterías como Bossa Mar Café se llenan de turistas que buscan algo abierto. «Nos preguntaban si podíamos dar desayunos, muchos no entendían lo que había pasado», añadía un hostelero.
Inundaciones en comercios y calles
Miguel, propietario del restaurante Parasoles, asegura que la inundación de este martes ha sido histórica. «Nunca había visto que el agua llegara a las alturas que ha alcanzado aquí. Las alcantarillas se atascaron con la basura que arrastra la corriente y el agua no puede salir», explicaba.
Yanis, trabajador del restaurante Moorea, recuerda que la alerta había saltado horas antes, pero que la reacción de las autoridades fue mínima. «Los empleados tuvimos que hacer cadenas humanas para sacar el agua del restaurante y el supermercado colindante. Se ha perdido todo el género que acababa de llegar, y aún hoy seguimos limpiando para poder ofrecer servicio a los huéspedes del hotel», relataba.
Problemas históricos de drenaje
Miguel insiste en que la zona sufre problemas de drenaje desde hace décadas. «Hace 40 años que luchamos para que se instale una rejilla que permita que el agua fluya al mar sin atascarse con basura y sedimentos. Con la cantidad de agua que baja en esta zona, es imposible que el sistema actual soporte estas lluvias», señalaba.
La zona presentaba imágenes insólitas para la época. Alcantarillas levantadas y llenas de agua, macetas desplazadas en mitad de la carretera y calles inundadas. En Carrer de Carretes, una vivienda sufrió una inundación completa en el bajo; la Guardia Civil tuvo que intervenir y colchones empapados permanecían todavía en la calle.
Los testimonios coinciden en la falta de reacción. «Aquí se sabía desde el día anterior que había alerta, y aun así nadie vino a ayudar», insiste Yanis. «Los turistas alucinaban, no entendían cómo con todo lo que genera Ibiza podía pasar esto», subrayaba.
Pues vayamás razón que un santo