La bandera roja imperaba este jueves en la playa de ses Figueretes, pero eso no impide que decenas de personas se acumulen junto a la orilla para disfrutar, esta vez sí, de un día soleado. En el interior del agua no parece adentrarse nadie. Y es que la situación no invita a ello. Todavía se desprende un cierto olor bastante desagradable. Y es que el desborde completo de las alcantarillas que se vivió el pasado martes como consecuencia de las fuertes lluvias que azotaron la isla provocó el cierre de las playas del municipio de Vila, a la espera de que se realicen los análisis pertinentes para comprobar si esas aguas son aptas para el baño.
A escasos metros, sobre el paseo, la imagen parece de normalidad. Son muchos quienes pasean a lo largo del paseo marítimo, u optan por pararse en algunas de las múltiples terrazas a disfrutar de un día que roza lo veraniego. Pero la realidad no es tan bonita como parece a simple vista. Y es que mientras algunos abren sus negocios sin apenas pérdidas que lamentar, hay locales que siguen trabajando a destajo para tratar de sacar un agua que inundó por completo sus comercios.
La playa
Y es que la zona de ses Figueretes vivió las consecuencias de la riada de primera mano. Un poco más arriba del paseo marítimo, en los números impares de la Avenida Pedro Matutes Noguera -son los que tienen las entradas en pendiente negativa, mientras que los pares no se vieron afectados-, la Unidad Militar de Emergencias sigue trabajando en el edificio Rialto para achicar el agua de los garajes, que quedaron anegados y siguen inutilizados.
A escasos metros, en el edificio contiguo, los efectos son más que palpables. Y es que las lluvias torrenciales inundaron el cuarto de contadores, lo que provocó que empezara a salir humo por los cortocircuitos generados. Los bomberos actuaron para evitar males mayores, pero una vez sofocado el conato de incendio, los contadores siguen inutilizados y son muchos los vecinos que siguen sin electricidad más de 48 horas después.
La imagen, en la playa, es sorprendente en su primer tramo, la zona donde más confluyó el agua en su camino hacia el mar. En la arena siguen más que visibles los charcos, y la caseta de los socorristas, instaladas en el lugar hace apenas unos meses, parece hundida en el terreno. Avanzando a lo largo del paseo, la playa pierde ese toque extraño, más allá de un agua que parece prohibida.
Para los comercios de la zona la suerte ha sido muy dispar entre ellos. Mientras que algunos afrontar una jornada con una relativa normalidad, otros siguen cerrados y limpiando. El primero de los casos es el de Marycel que, con una terraza prácticamente llena, disfruta de una jornada más. Tal y como explican, apenas han tenido perdidas materiales: «se nos ha inundado el sótano, pero ahí no teníamos maquinaria ni nada de mucho valor», así que el temporal apenas ha dejado rastro en su comercio, así como a sus contiguos.
Alcantarillado
La cara completamente opuesta de la moneda la pone Fusion. A escasos metros de aquellos que han quedado intactos, una de sus propietarias, Marta, explica que ellos se llevaron la peor parte. Al estar en la zona más baja del paseo su local se llenó de agua «por encima de los setenta centímetros», asegura. Pero no todo fue la llegada de aguas en forma de riadas, explica «el agua salía de las alcantarillas, que estaban colapsadas, directamente al exterior, y de ahí también entraba en el local».
Y es que aunque estén trabajando a destajo para limpiar el local, hay cuartos a los que todavía no han llegado, y nada más abrir la puerta, se desprende un fuerte hedor, prueba inequívoca de que esas aguas son fecales. Marta asegura que ha pedido ayuda, pero por el momento no ha resultado en nada «hablo con el 112 o con el Ayuntamiento, pero me dicen que están priorizando los daños personales y las viviendas». Del consorcio de seguros, explica, tampoco ha obtenido respuesta por el momento.
Estas inundaciones no son nuevas, ya que asegura Marta que «desde que se inauguró el nuevo paseo de Ses Figueretes, se inunda cada año. De hecho, ya teníamos las cámaras frigoríficas en altura. Pero estábamos acostumbrados a 10 centímetros de altura, pero no a 70». Ahora las pérdidas en su comercio son de «20.000 euros solo en cámaras frigoríficas, sin contar lo demás», explica.
En ese mismo paseo, en el restaurante Haddock, las fuertes lluvias arrastraron incluso partes de la terraza. Ahora, sin luz, más allá de la que le ceden desde el Hotel One, siguen sin poder abrir al público, para la resignación de Andy y Claudia, sus propietarios.
CiutatansCreo que normalmente la ciudad de Ibiza ya huele así siempre….más estos días, razón tienes….playa den Bossa es un auténtico estercolero todo el año …..