Más de una semana después de las inundaciones provocadas por la tormenta ‘ex Gabrielle’, la normalidad todavía se resiste a volver a la zona del paseo marítimo de Vila. Este miércoles, el Ayuntamiento de Ibiza coordinó una campaña de voluntariado para ayudar a los vecinos a retirar los restos de muebles, electrodomésticos y enseres destruidos por el agua.
A la iniciativa se sumaron una decena de miembros de la Asociación Voluntaris d’Eivissa, junto con Protección Civil y Cruz Roja. Durante toda la jornada, trabajaron codo con codo con los vecinos afectados para despejar las calles y patios, donde el barro y los montones de basura se acumulaban sin dar tregua.
El edificio Brisol de la avenida Vuit d’Agost de Ibiza fue uno de los epicentros del desastre. Una semana después de la riada, los residuos seguían acumulándose a ambos lados del inmueble, en montones que los camiones municipales apenas lograban reducir con viajes constantes. Además, la piscina comunitaria mantiene el color marrón del agua como testigo persistente del desastre.
Los bajos del edificio, completamente anegados durante el temporal, quedaron arrasados. Los jardines de la zona común se transformaron en un improvisado vertedero en el que aparecía de todo: muebles, electrodomésticos, juguetes o incluso instrumentos musicales. «Había una colección de guitarras carísimas que estaban totalmente destrozadas por el barro», relataban los voluntarios, mientras trasladaban objetos inservibles a los montones que esperaban ser recogidos.
En una de las puertas de acceso a las viviendas, una línea y una fecha —31/9/2025— marcan todavía hoy el nivel que alcanzó el agua, convertido ya en un silencioso testimonio de la magnitud del desastre.
Los negocios situados en los bajos del Brisol también sufrieron daños devastadores. En Refrisat, la familia de Margarita Palerm continuaba este miércoles con los trabajos de limpieza y reacondicionamiento. «El agua llegó a cubrir las mesas. No podíamos abrir la puerta para que no entrara todavía más y tuvimos que salir por una ventana», recuerda Óscar Cano, hijo de la propietaria.
«Se ha perdido prácticamente todo. Trabajamos ahora con el ordenador de las niñas, toda la maquinaria industrial que teníamos en exposición ha quedado inservible… prácticamente no queda nada», lamenta Cano, mientras su madre sigue quitando barro. Palerm señala con amargura la rampa que se encuentra junto a su local, a escasos metros del torrente de sa Llavanera, y denuncia que «es un embudo por donde pasa todo el agua que desborda del torrente, que como va sucio se atasca enseguida, empeorando la situación».
He estado limpiando dos viviendas de los Brisol.....primero dar gracias a la UME que con bombas de achique ayudaron en viviendas anegadas .......pienso que faltó ayuda por parte del ayuntamiento o no sé de quién para la retirada de muebles y demás.... del parking donde se iba dejando todo lo inservible .....la UME chapó y un poco más de solidaridad en ayudar a los afectados por parte de la gente ...pero bueno eso ya es otro tema ......