Decenas y decenas de ibicencos se encuentran todavía atrapados en diferentes lugares del mundo a causa del cierre del espacio aéreo en Oriente Medio. Tailandia, India, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, e incluso Sudáfrica son algunos de los países en los que estas personas naturales de Ibiza han tenido que quedarse de manera forzada al verse cancelados sus vuelos a última hora por el ataque de Israel y Estados Unidos a Irán.
Miguel Marí es uno de los muchos ibicencos que se encuentran en esta situación. Él se fue de vacaciones a Bangkok junto a su mujer y un amigo. Ellos, la madrugada del día 1 de marzo deberían haber vuelto a Ibiza, pero su vuelo fue cancelado, por lo que han tenido que permanecer en Tailandia unos días más. Sin embargo, han encontrado una solución: salir de Tailandia hacia Bangkok el día 6 de marzo, para llegar a Ibiza el día 7. «Somos unos privilegiados dentro de lo que cabe», explica Marí, quien afirma haberse gastado unos 2.000 euros más a causa de la compra de estos billetes y de las noches de hotel extra.
En Tailandia también se encuentra otra ibicenca que ha preferido preservar su anonimato, con vuelo de vuelta previsto para este lunes día 2 de marzo, un vuelo que tampoco salió jamás del país. Ella, junto a su familia, fueron a disfrutar del país y a visitar a otros familiares, y han tenido que quedarse unos días más. «Ahora tenemos dos alternativas cogidas, por si falla alguna», explica. «Tengo un vuelo que nos ha ofrecido la compañía para el jueves, y otro que he cogido por mi cuenta para el martes, así nos aseguramos volver», añade.
Una situación más rocambolesca es la que ha vivido Ana Oliver, ibicenca que reside en Suiza. Ella se encontraba en Sudáfrica junto a su pareja, y para volver a su domicilio tenían que hacer escala en Doha, misión imposible tras el cierre del espacio aéreo. Sin embargo, encontraron una solución rápida, aunque no por ello poco enrevesada. Tuvieron que coger un avión para ir de Johannesburgo a Namibia, y desde allí, otro en dirección a Múnich, para finalmente coger un tren y poder llegar a Zurich. De poder volver en 16 horas, a hacerlo en varios días de viaje. «De momento no nos han dado ningún reembolso ni ayuda, y como los vuelos ‘buenos’ valían casi 2.000 euros por cabeza, hemos tenido que hacer escala en Namibia y luego coger el tren, reduciéndolo a la mitad», explica.
Lo positivo es que, poco a poco, los ibicencos pueden volver a su casa, pero la cara negativa es que lo están haciendo pagando un precio muy elevado tanto por lo gastado en alojamiento, como en el propio vuelo.
Me alegro de que todos estén bien y tuvieran los medios para poder regresar a sus casas.