El paso de la DANA Alice por Ibiza ha vuelto a dejar la zona del polígono Ibicentro —situado junto al cauce del torrente de Sa Llavanera— completamente anegada. Apenas unos días después de las devastadoras inundaciones provocadas por la tormenta ex-Gabrielle, los vecinos y comerciantes vuelven a enfrentarse a la misma escena de barro, agua y pérdidas.
La semana ha comenzado con nuevos trabajos de limpieza en las naves del polígono y en los bajos del edificio Brisol, una de las zonas más afectadas. Desde primera hora de la mañana, efectivos de la UME trabajaban en la evacuación del agua acumulada en los aparcamientos subterráneos, donde el barro y los restos arruinados se amontonaban sin descanso.
«Otra vez»
«Ya lo teníamos prácticamente todo limpio después de las lluvias del pasado martes, y otra vez está todo lleno de barro», explicaba con resignación Óscar Cano, mientras ayudaba a su familia a sacar los pocos elementos que habían logrado salvar de la anterior inundación, nuevamente cubiertos de lodo. «Todavía no tenemos el balance de daños de la tormenta anterior y ya estamos con los de la siguiente. Tenemos que trabajar, y en estas condiciones no podemos», lamentaba.
A pocos metros, en el concesionario y taller de Nissan, también dedicaban la mañana a achicar agua. «La semana pasada estuvimos dos o tres días limpiando, y ya estamos otra vez igual», aseguraba Paco, escoba en mano. «A poco que llueva se nos inunda, pero estas tormentas han sido exageradas».
Con humor y cierta resignación, un compañero trataba de animar el ambiente bromeando con que «estas semanas nos hemos ahorrado el gimnasio», aunque no tardaba en sumarse al malestar general: «Tienen que hacer algo ya. No puede ser que estemos siempre igual». En esta ocasión, los daños no han sido tan elevados como los del pasado 30 de septiembre, cuando «se vieron afectados unos cincuenta coches que todavía estaban aquí. Esta vez no ha habido más daños».
Sin descanso
Otro de los negocios del polígono que no pudo abrir al público fue Sonepar, donde su «equipazo» pasó la jornada limpiando el agua y el barro que volvió a entrar el fin de semana. «Estamos preparándonos para la próxima», comentaban con ironía. Pese a todo, y con la verja solo a medio abrir, el equipo atendía a algunos clientes que necesitaban material de urgencia. «Si alguien necesita una bomba para achicar agua, por supuesto que le atendemos», aseguraban.
En Can Imprés, una de las empresas más afectadas por la anterior riada, la situación no ha empeorado. «El daño ya estaba hecho», reconocían Fina e Isabel desde la puerta del taller, donde explicaban que habían sellado la entrada con poliuretano para evitar una nueva invasión del agua.
Frustración
Menos suerte tuvieron en el taller Firestone, donde este lunes tuvieron que disculparse ante su clientela por la imposibilidad de atenderlos. «Ha sido lo mismo que la otra vez: todo lleno de agua y barro. Además, uno de los elevadores ha dejado de funcionar», explicaba Xavi, visiblemente frustrado, mientras miraba al cielo implorando: «Que no llueva más, ¡por favor!».
Fotos: Toni P.
Y es que la mañana del lunes transcurrió entre los trabajos de limpieza a la vez que con la inquietud ante la nueva alerta activada a las 14 horas. «Los ánimos ya penden de un hilo», reconocían desde Sonepar. Esa sensación de agotamiento y frustración se repite entre los afectados, como resume Antonio Luis, del taller Vicente Guasch: «Es más de lo mismo, desesperante. Ni siquiera ha venido nadie desde las pasadas inundaciones; lo hemos limpiado todo entre nosotros».
todavía alguno se cree que alguien va a tomar nota y hacer algo?