«Este negocio lo hemos sacado adelante porque es lo que nos gustaba, si fuera por dinero hace tiempo que nos habríamos buscado otro trabajo». Este pequeño mensaje es un buen reflejo de la filosofía que ha llevado a Luis Miguel, junto a su mujer Catalina y su hija, Sonia, a estar al frente durante más de 30 años del Master Gym, en el centro urbano de Sant Antoni. Ahora, después de casi toda una vida, cerró este viernes para siempre las puertas de su gimnasio, para disfrutar de una merecida jubilación.
Foto: Jésica López.
El gimnasio abrió sus puertas cinco años antes de que Luis lo adquiriera «yo había trabajado de muchas cosas antes, pero vi la oportunidad y me lancé a ello». Desde entonces, los vecinos de Sant Antoni se convirtieron en los clientes habituales del centro y, a su vez, se convirtieron en familia.
No hay mejor prueba de ello que el cariño que le están profesando en los últimos días su clientela habitual: hace apenas unos días les hicieron una fiesta sorpresa en el interior del gimnasio. Estos días, cada una de las personas que terminaba de entrenar se despedía calurosamente de los propietarios.
El local no era de la familia, sino de una mujer, ya mayor, que se había convertido en amiga después de tantos años. «Siempre le había dicho que cuando quisiera venderlo, estaríamos dispuestos. Y hace poco me llamó, para decirme que me liberaba, porque si fuera por mí me habría muerto aquí dentro», detalla Luis.
Después de 33 años, este gimnasio, que muestra con tanto orgullo, es una gran parte de la vida de Luis. Los cerca de 500 metros cuadrados que componen el centro han visto pasar muchas de las horas de la vida familiar.
«Hay clientes que llevan aquí incluso más años que yo», asegura Luis. Y es que una gran parte del orgullo que le mueven a él, a su mujer y a su hija es haber mantenido ese trato tan cercano con sus clientes:«aquí, si tienen dudas vienen, nos preguntan y les ayudamos, en un trato diferente al de otros sitios», detalla Catalina.
Y es que el deporte ha sido la gran pasión de Luis durante prácticamente toda su vida. Además del gimnasio, es el fundador del equipo de ciclismo Master Team. Una pasión que ha heredado su hija, Sonia.
«Por un lado es bonita la sensación de liberación pero, por dentro, tengo una sensación de estrés, porque pienso y ahora qué voy a hacer, explica Luis. Lo que echará mucho de menos es a una clientela «qué pagan porque tengo que pagar facturas, pero se han convertido más en familia que mi propia familia», prosigue.
Este es el motivo por el cual ha aguantado tantos años al frente. «La gente cuando lleva diez o quince años con un gimnasio lo suele dejar, porque son muchas horas, sin apenas días libres y vacaciones», señala.
Sin embargo, y pese a todos esos sacrificios, echando la vista atrás, asegura que ha sido un camino que ha disfrutado «nunca me ha costado venir aquí a trabajar».
Aunque todo ese esfuerzo se haya visto recompensado en cuanto a satisfacción personal, no lo ha hecho nunca a nivel económico:«entre que pagas facturas, alquiler, cuotas... prácticamente no te queda nada para ti. Nunca lo hemos hecho por dinero. Ha sido casi un centro social para mis amigos».
Una idea con la que su mujer, Catalina, coincide:«nunca hemos hecho mucho dinero con esto, pero siempre hemos tenido a nuestros amigos cerca, y eso también es bonito. Todo el mundo nos saluda por la calle».
Y es que el espíritu de este gimnasio, aseguran, siempre ha sido cercano y familiar:«hay mucho espacio entre las máquinas, para que no se sienta que estás entrenando con una persona al lado. Muchas de ellas están dobladas, para que no tengas esa presión de sentir que hay alguien pidiéndote cambiar».
Con todo, Luis, Catalina y Sonia echaron ayer el cierre definitivo al Master Gym, rodeado precisamente de esos clientes que, durante todo este tiempo, se han convertido en familia.
Hace muchísimo use dicho gimnasio, ¡toda la suerte del mundo con vuestra nueva vida!