La rotonda de Juan XXIII de la ciudad de Ibiza se hizo famosa meses atrás por la presencia de un gallo que hacías las delicias de niños y mayores. Sobre todo cuando, sin ningún temor, atravesaba la carretera, provocando más de una retención. El peligro que suponía su presencia en este lugar llevó a la Concejalía de Bienestar Animal a tomar la decisión de trasladar el gallo a otro lugar en el que no corriera peligro.
«Fue lo mejor que se podía hacer», explica el concejal Manuel Jiménez, «porque el gallo corría el riesgo de ser atropellado. Además, dio algún susto a algún motorista, que casi se cae intentando esquivarlo. Era un peligro para él mismo y para los conductores si lo manteníamos en la rotonda».
Jiménez ha explicado que el animal disfruta ahora de una nueva vida en una finca privada del norte de la isla, en el municipio de Sant Joan. «Está precioso», asegura, «está muy contento y rodeado de gallinas».
El gallo de la rotonda, de nombre Claudio, nació en Ses Feixes. Un trabajador de una de las naves ubicadas en este lugar, Daniel Rial, explicó a Periódico de Ibiza y Formentera hace un año que la madre «se puso clueca» y que fue él mismo quien le dio para incubar seis huevos, cedidos por un amigo que cría gallos de la raza brahma. De estos seis huevos, nacieron tres polluelos, entre los que se encontraba Claudio.
Al hacerse adulto, recordó Rial, el gallo «se volvió territorial y bastante agresivo». Tanto que «podía llegar a atacar a cualquiera que se acercara a sus dominios». Fue entonces cuando Daniel y sus compañeros decidieron bautizarlo como el nombre del personaje de animación El Gallo Claudio.
Daniel y sus compañeros lo perdieron de vista durante dos años y no volvieron a saber de él hasta que lo avistaron en la rotonda de Juan XXIII. Un hallazgo que les llenó de alegría porque habían llegado a pensar que el gallo, que había huido de la manada creada por él mismo, había muerto.
Este gallo no ha sido el único del que el Ayuntamiento se ha tenido que hacer cargo en los últimos meses. Según relata Manuel Jiménez, el Consistorio también tuvo que retirar a otros gallos que se encontraban en la azotea de un edificio ubicado en el barrio de Sa Penya. «Este problema», ha indicado el edil, «está ya muy controlado en la ciudad, afortunadamente. No tenemos casi incidencias de animales salvajes. Es verdad que hay quejas por algún gallinero en el interior de una vivienda y por otros gallos y gallinas que viven en Ses Feixes, pero está todo controlado desde el Ayuntamiento. Son cosas muy puntuales».
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