A pocos metros del Recinto Ferial de Ibiza, oculto tras un camino de tierra y escombros, se extiende un entramado de chabolas levantadas con palés, lonas y tablones que resisten al viento del invierno. Allí, entre 300 y 400 personas, en su mayoría hombres de origen saharaui, viven durante los meses fríos sin agua corriente ni electricidad, pero con una dignidad que se sostiene en la solidaridad mutua y la esperanza de encontrar trabajo.
«Venimos del desierto, de los campamentos de refugiados, y allí aprendimos a adaptarnos a todo».
Una bandera tricolor ondea en lo alto de una de las chabolas. Sus colores panárabes —rojo, verde, blanco y negro—, junto a la estrella y la media luna, recuerdan el origen común de quienes habitan este lugar improvisado. La bandera no solo marca una identidad sino también un sentido de pertenencia. «Venimos del desierto, de los campamentos de refugiados, y allí aprendimos a adaptarnos a todo», cuenta Mohamed, conocido por sus vecinos como «el alcalde» del asentamiento. Según él, en invierno viven allí «entre 300 y 400 personas; en verano muchos más».
El visitante es recibido con hospitalidad: una sonrisa, un saludo y una invitación a compartir un té en el interior de alguna chabola. Entre las estructuras más humildes, destaca una pequeña haima que, según uno de los residentes, fue traída directamente desde un campo de refugiados del Sáhara Occidental. El terreno no está limpio, pero, como dice Mohamed, «teniendo en cuenta la cantidad de gente que vive aquí, podríamos decir que está relativamente sucio». Las basuras se acumulan en algunos puntos, dispersas entre los restos de muebles y materiales, aunque los habitantes insisten en que, con contenedores cercanos, «el lugar estaría limpio y recogido».
Bouadi, que lleva un año viviendo en el asentamiento, lo expresa con serenidad y firmeza: «Cada vez va a haber más gente, también en invierno. En verano hay mucha más competencia a la hora de buscar trabajo. En invierno también hace falta mano de obra, sobre todo en la construcción». Como muchos de sus compañeros, alterna trabajos en obras con periodos de desempleo. «La situación de conflicto que vivimos en los campamentos de refugiados nos obliga a ir a buscar algo para ayudar a nuestra familia. Nadie vive en un asentamiento como este si no es por necesidad», asegura.
Sus palabras trazan una conexión directa entre el exilio saharaui y la precariedad en la que sobreviven en Ibiza. «Nuestro pueblo lleva 50 años refugiado. Hemos sufrido situaciones muy difíciles de las que hemos sabido sobrevivir y adaptarnos. Somos refugiados y aquí también nos adaptamos de la mejor manera, aunque no haya agua corriente ni electricidad», continúa.
«El problema más grande que tenemos aquí es el agua».
En el asentamiento no hay agua corriente. «El problema más grande que tenemos aquí es el agua», explica Mohamed. «Como venimos de un campamento de refugiados, nos podemos apañar sin electricidad, pero es importante poder disponer de agua para una buena higiene. Es fundamental para poder encontrar trabajo». Por las noches se refugian del frío bajo mantas y lonas, y en los días de lluvia el barro invade todo el terreno. Sarama y Moha, dos jóvenes recién llegados, llevan apenas tres meses y unos días en el asentamiento.
«Ahora estamos buscando trabajo, en la obra en invierno y, cuando llegue el verano, en la hostelería», cuentan. «Lo peor es el frío y el agua; la pasada noche fue especialmente fría. Cuando llovió hace unas semanas se nos mojó absolutamente todo». Ambos tienen la documentación en regla y esperan encontrar pronto un empleo estable.
Otros, como Siti, ya han logrado salir de allí, aunque regresan a menudo. «Viví aquí el año pasado. A finales de octubre me ofrecieron una habitación desde la empresa en la que trabajo, pero sigo viniendo a visitar a mis amigos», explica. «Aquí hay mucha gente que trabaja, en verano en la hostelería y en invierno en las obras. Los que no trabajan están buscando algún trabajo. Muchos no han podido ahorrar suficiente dinero para volver a sus casas durante el invierno, aunque en esta época ya se ha ido mucha gente. Cada día se va alguien. Sin embargo, cada invierno se queda más gente».
La mayoría envía el poco dinero que gana a sus familias en el Sáhara Occidental. «La vida en mi país es muy difícil. Por eso venimos, desde aquí podemos ayudar a nuestra familia», añade Siti.
Las condiciones laborales son otros de los grandes problemas. Cherif, que lleva un año en el asentamiento, denuncia los abusos: «La vida aquí es muy dura. Trabajas una semana en negro, trabajos muy duros, y luego pasas meses sin que te contraten. Además, no te pagan más de cinco euros la hora, algunos incluso cuatro, o cuando terminas el trabajo te dicen que no te pagan». Según cuenta, solo una vez han recibido ayuda: «La Cruz Roja vino cuando hubo las inundaciones».
Malaini también ha vivido en habitaciones compartidas, pero asegura que no puede permitírselo: «He estado viviendo en habitaciones por 350 euros, por eso prefiero estar aquí. Hay gente que apenas gana dinero trabajando y en cuanto llega el invierno no pueden ni siquiera volver a sus casas».
Entre la precariedad, la falta de recursos y el frío, se mantiene una sensación de comunidad y respeto. «Refugiados somos aquellos conjuntos de personas que nos vemos obligados a emigrar por razones políticas», dice Bouadi. «Aunque otros busquen salir de la necesidad a base de conflictos y robos, nuestro pueblo se caracteriza por ser educado, decente y respetuoso, al menos el 99%».
«Aquí no hay nadie por gusto; todos preferiríamos poder estar en nuestra tierra».
Y concluye con una frase que resume la filosofía colectiva: «Si todos limpiamos delante de nuestra casa, el mundo entero estaría limpio. Si nos pusieran algunos contenedores a mano, verían que ponemos todo de nuestra parte para que esté todo en condiciones».
En el asentamiento del Recinto Ferial, nadie vive por gusto. Como dice Moulud, «aquí no hay nadie por gusto; todos preferiríamos poder estar en nuestra tierra».
@No reviben el salario minimo vital que nosotros conocemos. Si otras ayudas y los priemros dispuestos a ponerlo en un ahoja para facilitarles la llegada deayudas que no se.el.nombre pero existwn desde familia numerosa facilidad para comprar coche te empadeonan donde sea hasta en casa d voluntarios me habian dicjo a mi pero eso no lo he visto si lo se que empadronan en las mismas sedes ongs y hasta les llega el correo postal alli. Largo etc. Síhay ayudas o beneficios. Las ayudas que hablais de que senecesitan papeles esas son otras q por su puesro els ayudara la ong d tirno a conseguir cuando.tengan papeles... mientras hay otras y sí se hacen cosas qno salen en el sistema pq no es el sistema como tal el q etiqueta y no son formularios. Las ayudas son muchas desde un vale hasta dinero a los menas para gastar o ir en bus arriba y abajo con tarjetas qel consell les facilit apero no foten ni brot van arriba y abajo en bus y no hacen nada más en edad laborla d currar 16 años, tu o yo u otros nos quedmaos en tierr apq el bus va petado d paseantes de asientos. Tienen sus cosas y secompran otras y sin trabjaar y no.roban algunos no roban es pq alguien les da y no suele ser pq lo pifan en la puerta d un super. Venga animo sigue pensando qlas cosas solo llegan por formularios de calco y dni electronico