Mientras buena parte de la isla se prepara para despedir el año entre comidas familiares, brindis y celebraciones, en el Centro de Protección Animal de Sa Coma el 31 de diciembre transcurre como cualquier otro día. Allí, los perros abandonados siguen necesitando salir, caminar, oler y sentirse acompañados. Y allí están también los voluntarios, que no entienden de festivos cuando se trata de bienestar animal.
Este 31 de diciembre, Mari, Marón y Alicia acudieron al centro para pasear a Kiara, Hugo y Buba, respectivamente. Un gesto sencillo, cotidiano para ellos, pero de enorme importancia para los animales que viven en las instalaciones.
«Hoy es un día más», explica Mari, que acude tres veces por semana a Sa Coma. «Vengo tres días por semana para pasearles y no siempre paseo a los mismos. De hecho, cuando vengo suelo sacar a tres o cuatro en la misma mañana». Su relación con el voluntariado viene de lejos: «Empecé a venir como voluntaria hace 14 años, cuando me faltó Roni». Desde entonces, el compromiso se ha mantenido firme, sin necesidad de grandes discursos ni fechas señaladas.
Para Marón, que paseó a Hugo en esta Nochevieja, la constancia también define su vínculo con Sa Coma. «Yo vengo desde hace 10 años, antes tres y ahora dos veces por semana», cuenta. Resume la experiencia de una forma tan simple como contundente: «Pasearles es obtener alegría gratis, infinita e instantánea». Una recompensa que va más allá de lo emocional y que también tiene un impacto físico y social. «Me llama la atención que la mayoría de voluntarios ya tenemos cierta edad y es que también nos ayuda, porque pasear con los perros nos obliga a hacer algo de ejercicio y a respirar aire puro». No es un dato menor que, como él mismo señala, «además, la mayoría de los voluntarios tenemos algún perro adoptado: yo tengo cuatro».
Alicia, que ese día salió a pasear con Buba, conoce Sa Coma desde una doble responsabilidad. Además de voluntaria habitual —acude entre tres y cuatro veces por semana— es presidenta de la Fundación Perros Abandonados en Ibiza. Desde esa posición, aprovecha cada oportunidad para poner sobre la mesa algunas reivindicaciones necesarias para garantizar el futuro del voluntariado. «Hay que animar a más gente para que se haga voluntaria y facilitar y agilizar los trámites para poder sacarte el carnet de voluntario, además de ampliar un poco más los horarios». Reconoce avances, pero insiste en no bajar la guardia: «Me consta que el Ayuntamiento está trabajando en ello pero no hay que dejar de reivindicarlo».
Mientras el año se apaga y otro comienza, en Sa Coma no hay fuegos artificiales ni cuenta atrás. Hay correas, paseos y manos que acarician. Gracias a personas como Mari, Marón y Alicia, para Kiara, Hugo, Buba y tantos otros perros, el 31 de diciembre no es un día cualquiera: es un día un poco mejor.