El 31 de diciembre, mientras la mayoría de la isla pensaba en el cambio de año, Toni Guasch vivía otro tipo de transición: la de su última jornada como carnicero al frente de Can Ros, en Can Bellotera. «Hoy me quito el delantal definitivamente, aunque seguiré viniendo estos días para echar una mano a la hora de hacer el cambio», explicaba a lo largo de una mañana marcada por la emoción contenida y las despedidas.
Con su jubilación se cierra una etapa de 45 o 46 años de oficio, una trayectoria que ha convertido a Can Ros en un comercio de referencia y, sobre todo, en un espacio de confianza para varias generaciones de clientes. «El cambio apenas se va a notar: seguirá el mismo personal y la misma manera de trabajar, pero bajo una nueva gestión», subrayaba Guasch, dejando claro que la continuidad del proyecto pasa por preservar el espíritu con el que se ha trabajado durante décadas.
Toni Guasch no ha sido solo carnicero. Ha sido también matançer, una figura tradicional ligada a la matanza del cerdo en las casas payesas, depositaria de un conocimiento que va mucho más allá del mostrador. Sin embargo, al hablar del futuro, su tono es inequívoco: «Ya veremos, mi intención es dejar de lado todo tipo de cuchillos, ¡ya estoy harto de cerdos!», dice entre risas, aunque matiza que «no descarto hacer alguna cosa puntual en algún evento».
La historia de Can Ros es inseparable de la de su familia. El negocio lo inició su padre, carretero de oficio, cuando el carnicero del barrio dejó la actividad. Toni llegó después casi por casualidad. Se había formado como herrero desde muy joven y, tras la mili, sin medios para montar su propio taller, aceptó probar en la carnicería. Aquella prueba acabó convirtiéndose en una vida entera de trabajo.
Ahora, al colgar el delantal, el círculo parece cerrarse. «Más bien tengo pensado dedicarme más a la herrería: comencé como herrero y quiero terminar como herrero… como hobby, eso sí, y tal vez en un par de años puedo presentar una exposición artística», explica, dejando entrever una nueva etapa más creativa y pausada.
En el balance final, Guasch mira atrás con gratitud. «Después de tantos años solo puedo dar las gracias a todos los clientes que han sido fieles durante todo este tiempo; gracias a ellos hemos podido sobrevivir a los grandes supermercados y grandes superficies; así como a todos los proveedores y, de manera muy especial, a todo el personal que hemos tenido siempre, como Antònia, que lleva tanto tiempo como yo». Y añade un dato especialmente simbólico: «Hoy también es el último día de nuestra charcutera de toda la vida: Trini».
Para Trini, la despedida no es fácil. «Todavía no me lo creo, por la noche no me sé ni dormir. Esta mañana ya he llorado un poco, pero no quiero llorar más», dice, entre risas nerviosas. Toni escucha y asiente. «Yo me he mantenido fuerte hasta ahora, pero no tengo ninguna duda de que en algún momento voy a caer», admite. Aunque no lo reconozca del todo, el brillo en sus ojos delata que la emoción le acompañó durante toda la jornada.
Más allá del negocio, Guasch insiste en el valor humano del equipo. «Después de tantos años, somos un equipo muy bien avenido, no cuesta irnos. Somos más que familia y en cuanto terminen las fiestas lo celebraremos con una gran comida». Y concluye con una reflexión que resume el momento: «Ahora es cuando empiezo a tener perspectiva y a darme cuenta de todo lo que hemos hecho durante todos estos años, y es realmente bonito».
Toni, fui vecina tuya y de tu querido padre 22 años y clienta de tu tienda todo ese tiempo. Te deseo una feliz vida de jubilado, te la has ganado con honores. Un abrazo.