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«Hay síntomas previos que la gente no relaciona con la depresión porque la persona no está triste»

Raquel Aparicio, psicóloga de la Asociación Pitiusa de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (Apfem), habla con este rotativo sobre los estigmas que acompañan a la depresión con motivo este martes del día mundial

Raquel Aparicio, psicóloga de la Asociación Pitiusa de Familiares y Personas con Enfermedad Mental | Foto: Jésica López

| Ibiza |

Raquel Aparicio (Murcia, 1988), psicóloga de la Asociación Pitiusa de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (Apfem), habla con Periódico de Ibiza y Formentera con motivo del Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, que se conmemora este 13 de enero. Aparicio destaca que la depresión sigue siendo uno de los trastornos de salud mental más invisibilizados y estigmatizados, a pesar de su elevada prevalencia. A diferencia de otros diagnósticos, sus síntomas no siempre son evidentes y a menudo se confunden con una tristeza pasajera, lo que dificulta su detección precoz y el acceso a ayuda. Subraya la importancia de la prevención, la detección temprana y, sobre todo, de romper el miedo a pedir ayuda porque la depresión, según destaca, no es falta de voluntad, sino una enfermedad que requiere acompañamiento, comprensión y herramientas para poder salir adelante.

—Cuando la gente piensa en la depresión, la mayoría de las personas la asocia inmediatamente con una profunda tristeza.

—La depresión es mucho más que tristeza ocasional. Es un trastorno del estado de ánimo que influye de manera global o general en una persona. A nivel de pensamiento, de comportamiento, de emociones, incluso en la somatización del cuerpo. No es solo una tristeza temporal y puntual, es algo sostenido en el tiempo que limita a la persona. Mucha gente piensa que, al tener depresión, se tiene que sentir muy triste o estar llorando todo el día, pero no son solo estos síntomas, ya que empieza mucho antes. Hay síntomas previos que, muchas veces, no los relacionan con la depresión. Son más invisibles, como, por ejemplo, estar incomunicado, el aislamiento social y familiar o dejar de realizar las rutinas y deporte. También es un síntoma dejar de mantener una higiene adecuada. Son señales previas que la gente no relaciona con la depresión porque esa persona no está triste o llorando. También existe el sentimiento de inutilidad o de vacío; la persona siente que vive por inercia y que la vida pasa sin más. Por lo tanto, no solamente es sentirse triste.

—¿La depresión se suele asociar a un trauma?

—Muchas veces hay personas que piensan que no pueden tener depresión porque no les ha pasado nada malo. Sin embargo, no hace falta que ocurra ningún acto traumático. Hay gente que viene y explica que se siente mal teniéndolo todo. Este es uno de los aspectos más incisivos porque uno puede tenerlo todo: familia, amigos, una relación de pareja, trabajo, incluso un nivel socioeconómico alto, y pensar que esta situación es un síntoma de plena felicitad, pero, pese a ello, tiende a sentirse mal.

—¿El desarrollo de un trastorno depresivo depende de factores genéticos?

—La vida no es blanco o negro, ya que la dicotomía forma parte de ella. Me gusta explicar estas cuestiones a través de porcentajes porque cuando trabajamos el autoconocimiento también lo hacemos desde esta perspectiva. La genética está porque existe una predisposición, pero también interfieren la parte cultural, social y, en base a las experiencias, se van dando diferentes situaciones que ayudan a aumentar la probabilidad de que aparezca este trastorno. Por lo tanto, una persona con una predisposición genética tiene mayor probabilidad de padecer esta patología, pero no significa que la vaya a desarrollar de manera directa porque, aunque existe dicha predisposición, se tiene que establecer también un ambiente de cultivo que propicie este trastorno. También puede ocurrir que esa persona no tenga ninguna predisposición genética, pero, debido las circunstancias que vive, ha desarrollado una depresión.

—¿A cuántos usuarios con trastorno depresivo se atiende en Apfem? ¿Qué servicios se ofrecen?

—Realmente, como primer diagnóstico, nosotros trabajamos con personas que sufren un trastorno mental muy grave y, por desgracia, la ansiedad y la depresión no entran como trastornos mentales graves. Se consideran patologías severas los trastornos de personalidad, la esquizofrenia, episodios de psicosis... Es cierto que las depresiones se abordan como diagnósticos secundarios que acompañan a otros trastornos muy graves. En este sentido, en Apfem, dentro del servicio que coordino, un 25 % de los usuarios tiene un diagnóstico muy vinculado con una sintomatología relacionada con la depresión.

«La genética está porque existe una predisposición, pero también interfieren la parte cultural y social»

—También se estima que muchas de las personas con depresión presentan alguna adicción, lo que se conoce como patología dual.

—También es cierto que una adicción puede ser el detonante de una enfermedad mental. Por ejemplo, la adicción al alcohol o a cualquier tipo de sustancias puede desencadenar un trastorno esquizofrénico o un trastorno depresivo, ya que, en el caso del alcohol, es un depresor. En casos de trastorno bipolar también ocurre porque como vas fluctuando entre etapas de más euforia o más depresivas, el proceso también puede llevarte a consumir cualquier tipo de sustancias que influyen en la ciclotimia o la depresión. Todo está muy ligado.

—En Ibiza, históricamente, siempre se ha denunciado la falta de psicólogos en la sanidad pública. ¿Existe también un déficit de profesionales en la entidad?

—Damos apoyo a todas las personas, pero, obviamente, hay un problema de recursos. Afortunadamente estamos en coordinación con los diferentes organismo. Hay mucha coordinación con las unidades de salud mental, con hospitales, con las unidades de trabajo social y con cualquier dispositivo sociosanitario involucrado. También con Proyecto Hombre, Cáritas o Cruz Roja. Intentamos tener una coordinación fluida para que todos vayamos hacia un mismo objetivo y saber qué líneas de intervención estamos llevando con cada persona con el objetivo de mantener esa línea entre todos. Al final todo suma porque hay mucha demanda y también han aumentado las dificultades a nivel psicológico y psiquiátrico.

—¿Por qué cree que ha aumentado tanto la demanda de atención en salud mental?

—Una cosa muy importante es que se está trabajando mucho para romper el tabú de la salud mental y esta situación anima mucho a las personas a pedir ayuda, y esto es algo muy importante. Además, solicitar ayuda es una de las herramientas de autocuidado que siempre intentamos enseñar desde aquí porque cualquiera de nosotros puede sufrir un trastorno de salud mental en algún momento de nuestra vida. Según la Fundación ONCE, una de cada cuatro personas va a tener un diagnóstico de salud mental a lo largo de su vida. Por lo tanto, cuanto antes podamos prevenir e intentar trabajar estas cuestiones, mejor. Por eso, hace falta que el sistema también responda ante toda esta demanda, que cada vez es mayor. También ha aumentado porque se intenta trabajar más en que la gente no tenga miedo a sentir.

—¿Y cómo aborda la entidad esta aceptación por parte del usuario?

—Nosotros trabajamos mucho desde esta aceptación y el compromiso porque, al aceptar situaciones o diagnósticos, es cuando podemos empezar a ayudar a estas personas a abordarlos, trabajarlos y aprender a convivir con ellos para que se puedan comprometer con su propio autocuidado y con su propia toma de responsabilidades y acciones. También queremos que sean conscientes de que ellos mismos no son su diagnóstico, que son mucho más. El diagnóstico forma parte de ti, pero, como lo puede ser cualquier otra característica de tu persona, hay que hacer frente. Al principio, cuesta aceptar que se necesita un tratamiento psiquiátrico, sin embargo, en relación a la salud física el tratamiento está completamente aceptado. A mí me diagnostican diabetes y me tengo que pinchar, en cambio, me dicen que tengo una psicosis y que tengo que realizar una pauta, y la situación cambia. Es importante que ellos mismos tomen conciencia y decisiones que les permitan ver que la pauta ayuda a estar más estable.

«Hay mucha coordinación con las unidades de salud mental, con los hospitales y con las unidades de trabajo social»

— ¿Esta entidad ofrece grupos de apoyo para familiares de usuarios?

—Tenemos reuniones de apoyo familiar con dos líneas diferentes. Ayudamos a entender cuáles son los síntomas y los diagnósticos para conocer y prever. Queremos que los familiares o cuidadores adquieran herramientas para el autocuidado y, así, poder cuidar. Además de estos grupos de apoyo, nuestro objetivo siempre es la búsqueda de autonomía e independencia por parte de los usuarios. Tenemos cuatro servicios concertados y, dependiendo del perfil de cada persona, consideramos qué usuario se adapta mejor a uno u otro. Por ejemplo, tenemos el servicio de rehabilitación comunitaria o talleres ocupacionales, que es un servicio de atención diurna en el que ayudamos a volver a adquirir habilidades sociales, de autoestima, autoconocimiento y manualidades. También hacemos mucho deporte saludable y estimulación cognitiva, e incluso ayudamos a adquirir habilidades laborales. También está el servicio de apoyo socioeducativo comunitario que, por ejemplo, a diferencia del taller ocupacional, son las propias profesionales quienes se acercan al entorno comunitario de la persona porque estos usuarios tienen más dificultades a la hora de salir de casa o establecer una rutina. Tenemos el servicio de acompañamiento a través de un vínculo con entidades sociosanitarias, con dispositivos públicos en relación a temas administrativos y también con el centro penitenciario, así como una vivienda supervisada 24 horas.

—¿La entidad registra una larga lista de espera?

—Sí tenemos lista de espera. Nos derivan desde unidades de salud mental o de trabajo social e intentamos atenderlos a todos. Vemos cuál sería de nuestros servicios el que mejor se adapta al usuario para solicitarlo mientras continúa en lista de espera.

—¿Una persona con trastorno depresivo se puede recuperar totalmente a través de un tratamiento y un apoyo adecuados?

—Creo que todo, como en esta vida, son etapas y olas que tenemos que surfear. Y creo que una persona que tiene un diagnóstico de depresión no significa que lo vaya a tener siempre, pero si va a tener una tendencia a padecerlo. Una mayor probabilidad que otras personas que también estén viviendo momentos difíciles durante sus vidas o cuando estén con mayor estrés o ansiedad. Por eso es tan importante ese conocimiento previo de los síntomas y la aceptación sin miedo a decir que tengo depresión. Es importante decirse qué puedo hacer con esto y pedir ayuda y, de manera conjunta, ver las herramientas para intentar no tener recaídas muy graves o que sean emocionalmente muy dañinas.

—La depresión, como decía antes, afecta de forma distinta a las personas.

—Totalmente. Aunque sea el mismo diagnóstico, aparece muchas maneras de manifestarse. Hay depresiones que son muy funcionales, en el sentido de que hay personas que continúan yendo a su puesto de trabajo y cumplen sus rutinas. Si embargo, hay personas que están con diagnóstico de depresión que sienten mucho dolor por dentro y no saben gestionarlo. Afecta a todas las áreas de una persona: laboral, relacional, familiar... También hay grados, pero lo más importante es reconocer esos síntomas sin miedo para poder prevenirlos y pedir ayuda, que es lo más importante de todo. Hay mucho estigma con la salud mental, mucho miedo por el rechazo del otro, pero se está luchando contra el estigma y contra el autoestigma con el objetivo de tener las herramientas para poder abordar estos trastornos.

—¿Quiere resaltar algo más sobre este trastorno con motivo del día mundial?

—La depresión creo que es uno de los diagnósticos que más prejuicios puede tener. La prevención siempre va a ser mucho mejor que una intervención, pero si no es posible, es esencial tener el valor de pedir ayuda.

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