Nos encontramos inmersos en la era de la inmediatez, de las opciones prácticamente infinitas y en una sociedad de consumo prácticamente inmediato. En este contexto, las grandes plataformas de ventas online se desenvuelven a la perfección, con envíos que llegan cada vez más rápido y cada vez más facilidades en el servicio. Sin embargo, estas nuevas tendencias hacen palidecer a un comercio local que enfrenta unas temporadas de rebajas cada vez más devaluadas y que suponen un impulso comercial cada vez menor.
Sobrevivir parece ser el objetivo más realista de muchos de esos comercios en el corto y medio plazo, ahogados por una competencia contra la que no pueden luchar en cuanto a precios se refiere. Sin embargo, estos comercios tratan de ofrecer su valor distintivo ofreciendo un servicio más personalizado y cercano a la clientela.
Al menos así lo asegura Paula, propietaria de Cucadas, una tienda de productos infantiles ubicada en el céntrico Carrer de Castella. Como pequeño comercio, las rebajas se limitan a los productos de estación, en este caso los de invierno. Sin embargo, el periodo de rebajas para estos negocios, explica, está cada vez más desdibujado: «las grandes empresas y plataformas lanzan promociones, ofertas y descuentos durante todo el año. Eso ha hecho que la campaña de rebajas se haya desvirtuado y ya no sea lo que era».
«Se están lanzando campañas desde el Ayuntamiento, PIMEEF y Cámara de Comercio, pero no se están logrando los resultados»
Esta presión constante de esas plataformas y cadenas, asegura la propietaria de la tienda «obliga a trabajar cada vez con márgenes más reducidos». Sin embargo, Paula no ve solo dificultades añadidas para los comercios, sino también para los propios consumidores: «la confusión permanente de precios, fechas y descuentos reales genera desconfianza y banaliza el valor del producto».
Márgenes escasos
Esos márgenes cada vez más reducidos en cuanto a precios se refiere, impide la competitividad en precios con las grandes cadenas. «Competimos por la proximidad, por la facilidad que supone comprar y tener el producto directamente, sin esperas», asegura Paula. Una situación que ve difícil de revertir «se están lanzando campañas desde el Ayuntamiento, PIMEEF y Cámara de Comercio, pero no se están logrando los resultados».
En el concepto de sobrevivir como pequeño comercio incide María, de Cache Cache, ubicada en Isidor Macabich. Pese a que ella no es la propietaria, sino que lo es su hija, Sara, asegura que «ni merece la pena intentar competir con las grandes cadenas», puesto que es una batalla perdida. Su lucha, asegura, tiene que ver con una atención al cliente mucho más personalizada: «de la gran mayoría de clientas conocemos el nombre. Y si no lo conocemos, nos adaptamos a los problemas que traen, tengan razón o no». Esta es, asegura, la única manera de seguir adelante.
Rebajas desdibujadas
Igual que Paula, considera que la campaña de rebajas cada vez tiene una incidencia menor que antaño, especialmente en estas rebajas de invierno que, ya de por si «son bastante más lentas que la de verano. Pasadas las fiestas la gente no se anima tanto a comprar».
Valeria, encargada de Polinesia, un comercio ubicado en la plaza de Enric Fajarnés, asegura que «se nota que la gente compra mucho en periodos festivos, de regalos de Navidad y de Reyes, y luego se frena mucho. Sin embargo, siempre hay un público que intenta aprovechar las mejores ofertas, pero se nota que hay menos gente».
Para ellos es su segundo periodo de rebajas, puesto que abrieron hace apenas un año. Por ello, tienen muchos productos rebajados, asegura su dependienta, y tratan de mantenerlas durante el máximo tiempo posible para ofrecer una amplia variedad «aunque no podamos competir con marcas tan grandes como Inditex, por ejemplo».
Julio Díaz, dueño de Los Catalanes, una tienda de textiles ubicada en la calle del Bisbe Abad y Lasierra, asegura que la campaña de rebajas «está siendo muy floja, de la misma manera que lo viene siendo todo el invierno». Algo que ya considera una tendencia entre los comercios. En su caso, por su tipo de negocio, no compite tanto contra el comercio online, pero sí contra las grandes superfícies.
Desde su perspectiva, con una competencia cada vez más dura, y en la que es cada vez más difícil asentarse, la salida que les queda es «salir a buscar los clientes, desde prensa hasta redes sociales, para atraer a esos nuevos clientes. Si te quedas estancado la clientela no viene hasta donde estás tú».
Compromiso político
Encarna Planells, propietaria de Gatzara, repite esa idea de que las campañas de rebajas «ya no son las que eran», por muchos esfuerzos que se hagan desde los diferentes comercios del negocio local.
Para impulsar a ese tipo de comerciante que se tiene que enfrentar a la feroz competencia de las grandes marcas, pide a las instituciones y Ayuntamientos «que no se limiten a unas simples campañas, sino implicarse en impulsar a un comercio con el que se hace ciudad».
Para ello, reclama que hay que invertir en «seguridad, iluminación y limpieza» para que sea bonito pasear e ir a comprar por la zona, ya que esto tiene, asegura, una repercusión directa con el comercio: «por la tarde a la gente ya le cuesta venir a comprar, y eso también lo notamos».
Pero es que es normal, es una pena si, pero la gente mira por su bolsillo, los sueldos tienden a lo bajo, y muchos no se lo pueden permitir, sin ir más lejos yo he pedido una cama fuera porque me cuesta 150€ más barata que aquí, la gente está entre la espada y pared, me gustaría poder comprar más aquí, pero los precios no acompañan, carne pescados y demás intento comprarlo en pequeños comercios, pero la Mayoría lo compro en otros sitios, es lo que hay.