El primer informe de la Fundación Foessa de Cáritas sobre exclusión y desarrollo social en Ibiza advierte de un deterioro significativo de los vínculos sociales en la isla, con niveles de aislamiento y conflicto que afectan de forma especialmente intensa a los hogares en situación de exclusión. Aunque los indicadores generales sitúan a Ibiza ligeramente por debajo de la media balear, el estudio señala que la fragilidad relacional se agrava de manera notable entre las personas más vulnerables. Según el informe, la tasa de conflicto social y aislamiento en Ibiza se sitúa en el 5%, una cifra que refleja la existencia de problemas de convivencia y soledad en la sociedad insular. Entre los hogares considerados integrados, estos fenómenos afectan a un 3%, pero la situación cambia de forma drástica en los hogares en exclusión social, donde el conflicto se multiplica por cuatro y el aislamiento alcanza el 13%, según informó el sociólogo y miembro de la Fundación Foessa Thomas Ubrich.
El documento subraya que la ruptura de los vínculos sociales actúa como un factor acelerador de la exclusión, mientras que su fortalecimiento puede contribuir a revertirla. En este sentido, desde Foessa insisten en la necesidad de que las políticas públicas incorporen la dimensión relacional como un elemento estratégico, promoviendo el capital social a través de la familia, la vecindad y el tejido asociativo, «con acciones preventivas y comunitarias». El informe apunta también a la necesidad de replantear el enfoque de los servicios sociales, que deberían ir más allá de la mera gestión de prestaciones económicas. Las respuestas, señala el estudio, deben actuar tanto sobre el plano material como sobre el relacional, fomentando la conexión social y el desarrollo de habilidades relacionales. Foessa descarta que el origen de las personas sea la causa del problema y sitúa el foco en barreras estructurales y políticas fallidas, como las dificultades de acceso a una vivienda digna, al empleo, a la salud, a la educación y a los derechos de ciudadanía.
Discriminación
La discriminación aparece como otro de los factores clave. El 29% de los hogares en exclusión social afirma haberse sentido discriminado, principalmente por su origen étnico. A ello se suma la composición del hogar como elemento de riesgo: la exclusión afecta al 31% de las personas que viven solas, un dato estrechamente relacionado con el elevado coste de la vivienda. De hecho, casi el 57% de los hogares con problemas de exclusión residencial en Ibiza son unipersonales, «lo que pone de manifiesto la especial vulnerabilidad de quienes deben afrontar en solitario el mantenimiento de una vivienda en un mercado especialmente tensionado».
El informe también identifica una marcada brecha de género. La exclusión social afecta al 28,5% de las personas que viven en hogares encabezados por una mujer, frente al 18% en aquellos liderados por hombres, «una desigualdad que se agrava al confluir factores como la carga de cuidados, la situación laboral y el acceso a la vivienda».