Juan José Sánchez y Alicia Losada viven desde hace ocho años en un bajo de la calle Monte Rosa, en Cala Llonga, junto a sus dos hijos, uno de ellos con una discapacidad. Su vivienda se encuentra en la última esquina de la calle antes del paseo de acceso a la playa, una ubicación que, unida a su condición de planta baja, convierte cada episodio de lluvias intensas en una amenaza constante.
«Cada vez que llueve un poco más de la cuenta se nos inunda la casa», explica Juan José. Una situación que no se limita a episodios puntuales como las lluvias de este martes: «Llevamos años así». La pareja asegura haber denunciado el problema en varias ocasiones a través de la línea verde municipal, «pero nadie ha llegado a hacer nada».
Desde la calle
Según relatan, cuando las precipitaciones son intensas y los desagües no pueden absorber el caudal, la calle se anega y el agua acaba entrando en su vivienda. «El agua de la calle, cuando se inunda, cae en la terraza y nos acaba entrando en casa», detallan. Las consecuencias han sido reiteradas: «Hemos tenido que cambiar el mobiliario hasta tres veces».
Incluso el seguro del hogar empezó a poner objeciones. «No les parecía normal y hemos tenido que contratar otro», explican. Ante la falta de soluciones estructurales, la familia se ha visto obligada a improvisar un sistema de protección permanente en la entrada de la vivienda.
Remedio casero
La barrera consiste en un tablón de madera recubierto de plástico, fijado con la base de dos sombrillas. «No podemos arriesgarnos a que llueva estando fuera de casa y encontrarnos la vivienda inundada», señala Juan José. «De esta manera más o menos evitamos que el agua entre», añade, aunque reconoce que no siempre es eficaz: «Cada vez que alguien pasa con el coche demasiado rápido es inevitable que nos entre agua con la ola que provocan».
Gracias a este sistema, la familia consigue contener parcialmente el agua, pero la calle continúa inundándose cada vez que llueve con intensidad. «Esta misma mañana he tenido que salir de casa con dos bolsas de basura en los pies para llevar a mis hijos al colegio», relata Juan José en referencia al último episodio de lluvias.
Barreras añadidas
Juan José también tiene una discapacidad y dispone de una plaza de aparcamiento reservada frente a su vivienda. Sin embargo, cuando la calle se inunda no puede utilizarla. «Cada vez que llueve tengo que aparcar en la otra esquina y, quieras o no, se nota», explica.
De todas las tormentas sufridas en estas condiciones, la pareja recuerda especialmente las del final del pasado verano. «El agua me llegaba hasta las rodillas; mi cuñado y yo estuvimos achicando agua desde la calle como locos para que no entrara», recuerda Juan José. Alicia, por su parte, reconoce que «pasé mucho miedo».
La familia denuncia lo que considera una «dejadez por parte del Ayuntamiento». «Un poco más arriba también se inundaba y solucionaron el problema, pero nosotros seguimos igual; aquí no han hecho nada», lamentan. Añaden que el problema afecta también a comercios cercanos: «Cuando llueve en verano y están abiertos, se les inunda el negocio».
Mientras tanto, Juan José y Alicia continúan protegiendo su casa con soluciones improvisadas, a la espera de una intervención que ponga fin a una situación que se repite «cada vez que llueve».
Cuando el Ayuntamiento de Santa Eularia ha legalizado vivir ahí, lo que hay que hacer es denunciarlo. Quien ha dado licencia para poder vivir ahí debe ser responsable, como el propietario, que debe saber que un día una torrentera se lo puede llevar por delante.