«Si algo le falta a Ibiza es una política urbanística clara para poder desarrollar y mitigar en la parte que se pueda toda la parte especulativa de la vivienda». Estas son las palabras de Marc Rahola, una de las voces más importantes del sector hotelero ibicenco, como CEO del grupo Ocean Drive, respecto a cuál es el gran reto de Ibiza a corto y medio plazo. Y es que esta dificultad para acceder a una vivienda marca, como no puede ser de otra manera, el desarrollo profesional del sector hostelero, ya que «es muy difícil atraer y retener el talento que tiene la isla».
Pero esta cuestión, incide Rahola, va mucho más allá de lo que se refiere exclusivamente al sector hotelero. «Cuesta tener policía, cuesta tener jueces, cuesta tener profesores, etcétera... con ello, tienes una precarización de la sociedad civil y un deterioro de los servicios», apunta. En este sentido, solicita que se lleve a cabo «un tipo de vivienda un poco más intensiva y poder desarrollar con más rapidez todos los procesos de licencia. Si no, todo eso se atasca en un momento en que hay una gran demanda y eso la restringe y aumenta el precio».
Ante esta situación, ellos mismos han empezado a promocionar su propia vivienda para sus trabajadores. Sin embargo, incide en que esta no puede ser una solución a largo plazo porque no todos los engranajes de la isla cuentan con la capacidad económica o la solvencia con la que puede contar una cadena hotelera. «Nosotros solo somos una parte de la cadena alimentaria de una isla y no podemos tener una Ibiza sin bares, escuelas u hospitales», precisa.
En cuanto a lo meramente hotelero, Rahola asegura que las tendencias apuntan a que cada vez el mercado norteamericano está más consolidado, situándose como el segundo más importante en algunos de sus establecimientos peninsulares y el cuarto de mayor repercusión en Ibiza, incluso el tercero en algún establecimiento concreto. «Y no me refiero solo al estadounidense, sino también al canadiense o al mexicano», incide.
Pero si el mercado experimenta una nueva tendencia, esa es la de una mayor volatilidad de última hora. Y es que desde la pandemia de coronavirus de 2020 se ha impuesto una tendencia de «cancelación flexible», que ha cambiado de manera notable la forma de hacer previsiones. «El sector tiene una media de un 30% de cancelaciones sobre la producción real que hace. Por lo tanto, lo que tengas hoy, lo normal es que de media se te cancele un 30%, algo que antes no era así. Esto lo que fomenta es buscar constantemente nuevos procesos de comercialización, con inteligencia artificial y con revenues mucho más preparados», señala. Esto repercute en que «sea muy difícil hacer previsiones en Fitur como se hacía antes, porque todo puede cambiar».
Baja los precios y paga mejor a tus empleados. Primer aviso.