Una familia de Sant Antoni, que convivía hasta ahora con la novia de su hijo, ha interpuesto una denuncia por presunta privación de libertad de la joven, control coercitivo, incomunicación y posible anulación de la voluntad, destacando «un contexto de violencia física previa acreditada y vulnerabilidad psíquica» de la mujer debido a la mala relación que ha mantenido siempre con su madre y hermano. La denuncia ha sido interpuesta en el puesto de la Guardia Civil de Sant Antoni para su remisión inmediata al juzgado de instrucción de guardia.
El denunciante, suegro de la joven, asegura en el escrito que considera «extremadamente grave» que la chica pueda «encontrarse incomunicada y actuando bajo una voluntad no plenamente libre», sin descartar que se halle bajo sumisión química. Entre las consecuencias de esta delicada situación, el denunciante manifiesta que su nuera podría creer que no puede regresar a la residencia habitual donde hasta ahora vivía con su novio y los padres de éste.
En el texto se relata el conflicto prolongado que la joven mantiene con su familia de origen, un hecho que le habría causado «una ideación autolesiva» desde los ocho años de edad, llevándola también a consumir sustancias. El conflicto se habría agravado en el último mes debido a disputas relacionadas con la vivienda familiar.
Su situación emocional es tal que hace unos días, según refleja la denuncia, tras ser despedida de una empresa sufrió «un episodio intenso de ansiedad», que le obligó a acudir a las Urgencias de Can Misses.
En el hospital, su pareja y familiares descubrieron que la joven había estado consumiendo cocaína y que llegó a pedir dinero a su madre, quien se negó a entregarle cantidad alguna. Fue entonces cuando el hermano la llamó y, asegurando que la iba a ayudar, le propuso ir a dormir a su casa. «Desde ese momento, la comunicación con ella desaparece por completo», relata el denunciante, reconocido por la joven, junto a su novio, como «mi entorno de apoyo».
Según la denuncia, debido a la vulnerabilidad emocional de la mujer, ésta puede haber sido inducida a pensar que, tras lo sucedido, no sería aceptada nuevamente en el domicilio donde residía junto a su pareja, no teniendo más opción que seguir con su madre y hermano.
El denunciante afirma que ella «nunca ha sido rechazada, expulsada ni apartada del hogar», sino que se la espera «con el mismo amor» de siempre.
El documento recoge cómo la joven había sido víctima de una agresión física grave por parte de familiares, tal como se denunció en su día. El suceso se originó por conflictos relacionados con la vivienda donde residía con su madre y hermano, de la que ella posee el 50%. Recientemente, había manifestado a su madre su intención de reactivar la denuncia por la agresión que sufrió.
Desde que sucedieron estos últimos hechos, el denunciante lamenta que la joven no responde a llamadas ni mensajes, su teléfono está apagado y otras amistades o conocidos no han podido verla ni comunicarse con ella. Así, la «incomunicación absoluta» es lo que ha generado la preocupación del novio y su familia.
La Guardia Civil se personó en la casa donde se encuentra ahora la joven y en el escrito se constata que ella no manifestó no querer ver a su pareja o a sus suegros y no solicitó restricción de contacto, no descartándose que «esté actuando bajo una voluntad condicionada».
A pesar de no existir denuncias contra su novio y suegros, la Guardia Civil advirtió de que, cualquier intento de contacto por parte de éstos, podría derivar en una eventual activación del sistema VioGén, lo que favorece que la mujer permanezca aislada y bajo el control de personas denunciadas por agredirla presuntamente.
El denunciante solicita que se realice una entrevista con la joven, de manera privada y sin presencia de sus familiares, permitiendo un contacto supervisado con su pareja e incluso valorando medidas de protección si se aprecian finalmente indicios de anulación de la voluntad de la mujer.