Todas las miradas estaban puestas este lunes en la inauguración del Parador del Castillo de Ibiza. Más de dos décadas esperando la apertura justificaban la alta expectación sobre un espacio que, aun siendo netamente ibicenco, estaba en la ruina el día en el que se cedió a Turespaña. Ninguna Administración en la isla estaba dispuesta entonces a poner sobre la mesa lo que costaba rehabilitar un castillo que representa lo que fue Ibiza y, a la vez, lo que es hoy. Una identidad en manos de quienes poco o nada tienen que ver con la isla.
La clase política isleña ha desembarcado en el nuevo parador y se ha encontrado con una realidad inesperada. Y es que, salvo los casos del presidente Marí y del alcalde Triguero, el resto no ha podido conocer el interior del nuevo hotel público porque la visita estaba restringida a los altos cargos. Es decir, el ministro de Turismo, Jordi Hereu; la presidenta de Paradores de España, Raquel Sánchez; la secretaria de Estado de Turismo, Rosario Sánchez, y los ya mencionados Marí y Triguero. Solo un afortunado ha logrado colarse en la comitiva oficial y conocer de cerca los atractivos de un establecimiento sobre el que recae ahora la gran responsabilidad de revitalizar Dalt Vila. El resto ha mostrado su decepción en los corrillos que tras los larguísimos discursos se han formado en lo que en su día debió ser el patio de armas o algo parecido.
Si algo ha quedado claro esta mañana, por otro lado, es que ni siquiera un hecho tan importante como la inauguración del Parador es capaz de unir por un rato a unos y a otros. Los del PP con los suyos y los socialistas exactamente igual. Por allí han desfilado alcaldes, concejales, diputados… pero cada uno con su grupo y sin apenas mezclarse. No vaya a ser que alguien pueda pensar que, además de políticos, son seres sociales. La lista ha sido larga: Pilar Costa, Joan Marí Marge, Josep Marí Ribas Agustinet, Marcos Guerrero, Alex Pitaluga, Juanjo Ferrer, Lourdes Cardona, Sandra Palau, Jacobo Varela, Marcos Serra, Jaime Díaz de Entresotos, Vicent Torres, Lourdes Costa, Xico Tarrés, Rafa Ruiz, Carmen Boned, Jordi Grivé, Rubén Sousa, Vicente Ribas (obispo), Manuel Hernández (comisario de la Policía Nacional), Luis Gascón (capitán marítimo)… Lo que en otros tiempos se denominaban «las fuerzas vivas».
Llamativa ha sido también la mala organización. A los periodistas nos citaron a las 10.30 horas en la plaza de la Catedral para las declaraciones del ministro Hereu. Luego nos llevaron hasta la puerta de acceso. Más tarde a las del ascensor. Y finalmente al mismo patio en el que estaba previsto todo el acto. Eso sí, Hereu no ha defraudado. Cercano, cálido y con un punto divertido, se ha metido en el bolsillo a todos. Sobre todo cuando ha confesado, ya sobre el escenario, su amor por la música que se escucha cada verano en las discotecas de Ibiza. Es lo más cerca que ha estado nunca el ocio nocturno de la isla de recibir un espaldarazo oficial. Y lo ha hecho por todo lo alto. Yo solo espero que en el Parador tengan claro que entre el deephouse y UC existe una amplia serie de estilos musicales con los que deleitar a huéspedes y visitantes.
Hablando de música, ha sorprendido mucho la actuación con la que Paradores de España ha querido finalizar el acto. De la mano de Andrés Coll, los asistentes han podido descubrir que la música antigua ibicenca era muy parecida a la que se debe escuchar a las orillas del Ganges. El estilo del joven con las castanyoles ha hecho temer a más de uno que en algún momento se desmayara sobre el escenario. Y no precisamente por la vitalidad. La contención entre los asistentes ha sido la nota predominante.
La falta de invitaciones para cargos que en teoría deberían tenerla, por otro lado, ha dado también que hablar. Eso ha obligado a que algunos se hayan presentado allí sin saber si podrían o no entrar. Dada la falta de controles, lo han podido hacer. Entre ellos, algunos socialistas que se han presentado en el hotel con las mismas pintas con las que irían a un curso de origami espiritual impartido por el último lumbreras con plaza en Ibiza. Nada nuevo pero significativo.
Habemus Parador. Ahora solo falta que funcione y que realmente cumpla con su papel, que, formalmente, va más allá del de mero alojamiento hotelero.
Es que no estaven convidas poden anar a ses visites guiades organizados per es reste de residents