El aparcamiento situado en la esquina de la calle Madrid con la avenida Isidoro Macabich, en Vila, se ha convertido desde hace tiempo en escenario de una convivencia complicada. A cualquier hora del día es posible ver a varios hombres en la entrada del parking indicando a los conductores dónde queda algún hueco libre para estacionar, una práctica que muchos usuarios consideran molesta y que ha provocado numerosas quejas en el vecindario.
Según denuncian algunos residentes de la zona desde hace tiempo, la presencia de estos aparcacoches —conocidos popularmente como ‘gorrillas’— se ha vuelto constante. Además de señalar plazas disponibles, en ocasiones también sugieren estacionar en lugares donde no existe señalización de aparcamiento, como frente al área reservada para motocicletas.
A estas situaciones se suman otras preocupaciones como los robos en vehículos estacionados en este espacio durante la noche, lo que contribuye a aumentar la sensación de inseguridad entre quienes utilizan el aparcamiento con regularidad.
La mañana del pasado jueves, la Policía Local identificaba a uno de los hombres que suele pasar allí buena parte del día. Se trata de Chala, de origen marroquí, que reaccionaba con evidente frustración ante la intervención policial. «¿Por qué no le decís nada al que me rompió el tobillo?», protestaba.
Chala reconoce que su presencia en el parking responde a una necesidad económica. «Si alguien necesita aparcar un momento para hacer algo rápido y no hay sitio, le digo que deje el coche aquí un momento mientras yo vigilo», explica señalando un espacio frente al área de motos. Como ejemplo menciona el caso de «una abogada que ha venido hace un momento a entregar unos papeles en el juzgado y se ha marchado enseguida».
Foto: Toni P.
Su compañero Tiep, saharaui, discrepa de esa forma de actuar. «No puedes decirle a alguien que aparque en un lugar prohibido», le reprocha. «Si viene la Policía y la grúa se lleva el coche, queda una mala imagen. Igual que si atiendes a la gente con una botella de cerveza en la mano».
Equilibrio frágil
Ambos coinciden en que la actividad en el parking se mueve en un equilibrio frágil. «Algunos están aquí durante todo el año», explica Chala, que asegura que en su caso solo permanece durante el invierno «hasta que encuentre otro trabajo». Según afirma, tiene la documentación en regla y ha trabajado en distintos oficios, entre ellos en la construcción como encofrador.
La convivencia entre quienes frecuentan este espacio tampoco está exenta de tensiones. Tiep recuerda que cuando comenzó a acudir al parking algunos hombres se acercaron a preguntarle «de manera violenta» qué hacía allí. También relata otro episodio conflictivo cuando llamó la atención a un hombre con problemas de heroína que, según sospechaba, se escondía detrás de un coche con intención de robar. «Nunca antes me habría imaginado acabar detenido con las esposas puestas», dice sobre aquel incidente en el que intervino la Policía.
Tanto él como Chala reconocen que durante la madrugada se producen robos en el parking, aunque sostienen que quienes los cometen no son los mismos que pasan el día allí. «Son otras bandas de gente que duerme de día para hacer de las suyas por la noche», aseguran. «A ellos no les compensa pasar aquí todo el día para ganar, como mucho, diez euros».
Foto: Toni P.
Según explican, cuando detectan a estas personas les piden que se marchen. «Siempre les decimos que tengan respeto, por la gente y también por nosotros», afirma Chala. «Luego nos miran mal a todos, como si fuéramos delincuentes».
Detrás de esas horas en el aparcamiento también hay trayectorias personales complicadas. Tiep relata que en su juventud realizó el servicio militar en el Frente Polisario, en el Sáhara, y que tras llegar a Ibiza trabajó en distintos empleos, desde hoteles hasta la construcción o como ayudante en cocinas. Sin embargo, reconoce que «me junté con gente equivocada y me enganché a la maldita droga», admite.
La emoción le interrumpe cuando habla de su situación actual. «La droga es un castigo», dice antes de romperse durante unos segundos. Su deseo, explica, es dejar atrás esa etapa. «Quiero desengancharme, volver a jugar al fútbol, trabajar y gastar mi dinero en lo mismo que lo gasta la otra gente. Poder ahorrar y mandar algo a mi familia en el Sáhara. No me gusta esta vida».
Mientras tanto, defiende que su presencia en el parking no pretende causar problemas. «Yo siento que estoy aportando», afirma. «Avisamos cuando hay sitio y muchas veces ayudamos a los coches que entran o salen para que no se den un golpe».
Respecto al dinero que reciben, insiste en que no lo exige. «Yo nunca pido nada. Solo ayudo, y quien quiere darme una moneda me la da», asegura. Reconoce, sin embargo, que no todos actúan igual. «Hay otros que ponen mala cara o persiguen a la gente para que les dé dinero».
Entre la incomodidad de los vecinos, la vigilancia policial y las historias personales de quienes pasan allí el día, el aparcamiento de la calle Madrid sigue siendo un pequeño punto de fricción en el día a día de la ciudad.
J GB@X(MAYUSCULA) El periódico lo que hace es buscar la polémica para crear comentarios, que le mantiene vivo, si elimina los comentarios, algo que ya hace en las noticias que le perjudica y una práctica nunca vista en otros medios, su ranking de visitas se desmorona. Y @luna, este "periodico" ha bajado mucho el nivel hace meses, omite muchas noticias de interés que perjudica a sus patrocinadores, y algunas las pública después de que otros periódicos ya la han publicado puesto que no le queda otra.