La temporada turística en Ibiza arranca con previsiones optimistas en cuanto a demanda, pero bajo la sombra de la incertidumbre internacional y los problemas estructurales que arrastra la isla, especialmente en materia de vivienda. Así lo ha explicado el gerente de la Asociación Ocio de Ibiza, José Luis Benítez, en el programa Bona nit Pitiüses de la Televisió d’Eivissa i Formentera (TEF), quien asegura que, pese a los conflictos geopolíticos y el aumento de costes, «la mayoría de asociados tiene ya el aforo completo» para las fiestas de apertura.
Benítez reconoce que las guerras en Ucrania y Oriente Próximo generan dudas en los mercados emisores y afectan a las economías familiares, lo que podría repercutir en el gasto turístico. Sin embargo, destaca que el incremento de vuelos hacia las islas y la alta demanda anticipan un buen inicio de temporada, especialmente en el ocio nocturno.
Uno de los principales desafíos sigue siendo la falta de vivienda para trabajadores. Según el gerente, entre un 50 % y un 60 % de los empleados del sector necesitan que las empresas les proporcionen alojamiento para poder trabajar en la isla. «Venir a Ibiza sin un sitio digno donde vivir ya no es atractivo para nadie», subraya, señalando que esta situación dificulta cubrir determinados puestos, especialmente los más especializados como técnicos de sonido, iluminación o personal de seguridad.
Ante este problema, muchas empresas están optando por alquilar viviendas para sus plantillas, una práctica que, aunque criticada, responde –según Benítez– a la inseguridad jurídica que perciben los propietarios. Aun así, insiste en que la carestía de la vida en la isla reduce la capacidad de ahorro de los trabajadores, lo que desincentiva su llegada.
«Venir a Ibiza sin un sitio digno donde vivir ya no es atractivo para nadie»
En cuanto al impacto de los conflictos internacionales en el turismo, el gerente se muestra prudente. Rechaza la idea de beneficiarse de turistas «prestados» por otros destinos afectados por la inestabilidad y considera que el escenario ideal sería un contexto global sin conflictos. No obstante, apunta que la tendencia actual hacia estancias más cortas –de tres o cuatro días– se mantendrá, aunque con un alto índice de repetición entre los visitantes.
Respecto al futuro del ocio en Ibiza, Benítez considera que la isla ha alcanzado su techo de crecimiento. «No hay más plazas para nadie», afirma, en referencia tanto a alojamientos como a oferta complementaria. A su juicio, esta limitación contribuye a revalorizar los negocios existentes y a mantener el posicionamiento de la isla como referente mundial del ocio nocturno, pese a la competencia de destinos emergentes.
El responsable de la asociación también pone el foco en el intrusismo, especialmente en fiestas ilegales en villas y locales no autorizados, que proliferaron durante la pandemia y continúan operando. En este sentido, reclama a las administraciones que mantengan la presión contra estas prácticas, a las que considera uno de los principales factores que han «desvirtuado» el modelo turístico de la isla.
Benítez no rehusó hablar de las polémicas con la asociación Noches de Ibiza, vinculada a empresarios del West End de Sant Antoni. «Yo vivo en San Antonio, que me parece uno de los pueblos más bonitos de esta isla, pero tiene una zona mala que es el West. Los gobiernos, tanto de un color como de otro, han intentado arreglarlo pero los empresarios que están allí ahora se han unido y piensan que lo que funciona es lo suyo, pues yo no voy a defender al West porque para mí el West es agua pasada y que en esta isla no es bueno», señala el gerente de Ocio de Ibiza.
Por último, Benítez defiende que Ibiza es mucho más que ocio nocturno, destacando su oferta gastronómica, paisajística y cultural. Aunque reconoce que la imagen internacional sigue asociada a la fiesta y los excesos, asegura que cada vez más visitantes acuden a la isla sin pisar una discoteca. «Ibiza no es solo ocio, pero tenemos el mejor ocio del mundo», asegura Benítez.
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